CUEVAS DE HÉRCULES (Toledo).
Toledo me fascina, tanta Historia, tantos rincones, tantas leyendas... Vengo a menudo, varias veces al año. Hoy quiero escribir sobre uno de sus icónicos lugares: las Cuevas de Hércules.
El enclave se encuentra en la calle S. Ginés, a unos 100 metros de La Catedral Primada (durante este año está celebrando su VIII Centenario). Se trata de una estructura subterránea de origen romano sobre cuyos restos se levantaron sucesivamente un templo visigodo, una mezquita y, en el siglo XII, la iglesia de san Ginés (hoy desaparecida). Todos ellos dejaron restos arqueológicos que hoy podemos ver incluso en la fachada del lugar.
El recinto está dividido en varios espacios y niveles. En primer lugar, baje al subsuelo por medio de una escalera de caracol a la primera construcción romana. Sí, el origen es romano. Fue una cisterna como parte de la red hidráulica de abastecimiento de agua de Toletum. La cisterna fue construida en la segunda mitad del siglo I d. C. De forma rectangular, mide seis metros de ancho por once metros y medio de largo y una altura de poco más de cuatro metros. Estaba construida en opus caementicium (pequeñas piedras, cal, arena y yeso) y revestida en su interior con opus signinum (revestimiento hidráulico).
Posteriormente, pero todavía en época romana, fue revestida interiormente en opus quadratum, usando sillares de granito. También se dividió longitudinalmente en dos por tres grandes arcos también de granito. Es lo que hoy nos encontramos.
Esta ulterior construcción nada tenía que ver con el agua. No está clara la función de estas estructuras, pero se piensa que pudieron servir para aterrazamientos, salvar desniveles topográficos o parte de un templo dedicado a Júpiter.
Solo podemos ver la mitad de la construcción, una nave. La otra, de similares características se encuentra tras los espejos y no es visitable pues se trata de una propiedad particular.
A continuación, os muestro la planta de este espacio museístico donde se observa perfectamente el espacio ocupado por la cisterna y las dos naves. Para tener en cuenta que hay tres niveles y que solo podemos ver la mitad de la misma, la parte en la que se encuentra la escalera de caracol.
En el piso intermedio podemos ver un arco de factura relativamente moderna ( principios del siglo XX) realizado a réplica de los arcos de la mezquita que existió en época musulmana.
En el plano que os muestro a continuación figura indicada (en color azul) la posición de la citada mezquita, las entradas de la citada iglesia de san Ginés y la ubicación de los restos arqueológicos que veremos más tarde.
El espacio es utilizado también para exposiciones temporales. Existe una pequeña pasarela que nos permite ver los restos arqueológicos con elementos de sus diferentes períodos.
Pienso que la mejor manera de acabar esta entrada es contando una de las leyendas que van unidas al lugar:
"Cuando Hércules llegó a Toledo, construyó un extraordinario palacio donde guardo un gran tesoro, cerró sus puertas con un candado y dejó diez guardianes a los que entregó la llave. Pasaron los años y se creó la costumbre que todos los reyes posteriores pusieran cada uno un nuevo candado en la puerta del palacio.
Cuando reinó Don Rodrigo, el último de los reyes visigodos, el número de candados ascendía a veinticuatro, pero este monarca no siguió la tradición, no colocó un nuevo candado como sus antecesores, e ignorando las recomendaciones, osó entrar en el lugar. Encontró un arca finamente tallada que abrió buscando el tesoro. Sin embargo, solo encontró una blanca tela con guerreros árabes pintados en ella junto a una inscripción que decía que cuando esa tela se extendiese y aparecieran esas figuras, hombres vestidos de igual manera conquistarían su reino. Asustado y arrepentido el monarca huyó pensando en la profanación que había realizado y en el augurio que anunciaba el principio del fin de su reinado.
Al poco tiempo, una enorme águila, con un tizón encendido en el pico, produjo un incendio que acabó con el palacio y lo redujo a cenizas".
Otras leyendas hablan de que entre los fabulosos tesoros que encerraba el palacio se encontraba la Mesa del rey Salomón.









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