ABADÍA DE GLASTONBURY (Inglaterra).
Nos encontramos en un lugar muy especial y legendario. Nos encontramos en la Abadía de Glastonbury, Inglaterra. Es considerada como la fundación cristiana más antigua de Reino Unido, siendo vinculada su origen a José de Arimatea.
Las leyendas artúricas sitúan a José de Arimatea en Inglaterra a la comienzos del cristianismo. Habría llegado portando, según la leyenda, el Santo Grial. Algunos hitos de estos mitos lo relacionan con el enclave donde nos encontramos:
" José de Arimatea llegó a Inglaterra desembarcando en la isla de Avalon y subió a una colina cercana a este lugar. Exhausto empujó su bastón en el suelo y descansó. Al día siguiente su bastón había echado raíces formándose la Espina Sagrada). Con sus seguidores estableció el primer monasterio de Glastonbury construyendo una primera iglesia de madera y barro (antecedente de la capilla de la Señora que veremos más tarde). Fue enterrado en algún de la abadía".
Un apunte. La llamada Espina Sagrada era un árbol de espino que florecía dos veces al año (Pascua y Navidad) en contra de la usual única ocasión. La planta sido objeto de sucesivos actos vandálicos.
Otra leyenda nos cuenta que también aquí fue enterrado el rey Arturo, pero ya hablaré de ello. Como decía estamos en un lugar especial, mágico que ocupa unas catorce hectáreas.
A continuación, os propongo un dibujo del conjunto con sus principales elementos, iremos descubriéndolos sucesivamente:
Un personaje significativo del siglo X (consejero de varios reyes ingleses) relacionado con Glastonbury fue san Dustán (llegó a ser abad). Recuerdo una leyenda sobre él relacionada con una tradición que todos conocemos:
" En sus tiempos como herrero, Dustán estaba en la fragua. Una extraña criatura, mitad hombre y mitad bestia, se le presentó para pedirle que le herrara las pezuñas. Dustán accedió, pero al ver que las tenía hendidas se dió cuenta de que se trataba del diablo. Engañándole, le explicó que para llevar a cabo su tarea necesitaba atarle a una pared. Cuando lo tuvo preso le colocó las herraduras con fuerza y al rojo vivo, causándole un insoportable dolor. Llegó a rogar por su libertad, que Dustán le concedió con una condición: debía comprometerse a no entrar jamás en aquellas casas que tuviesen una herradura en la puerta. El santo se apresuró a colocarlas con sus propias manos, salvando numerosas familias".
Junto a la entrada se encuentran dos interesantes espacios que son la capilla de san Patricio y el museo, pero es tal mi interés en visitar el lugar que decido dejarlos para el final. Os muestro la planta del monasterio medieval con los restos arqueológicos que podemos encontrar hoy en día (dibujados en color negro). Observamos que muchos de ellos han desaparecido.
El primer edificio que encontramos es la Capilla de la Señora. Está ubicada al oeste de la gran iglesia con la intención de preservar la ubicación de la Iglesia Vieja de Madera construida en el primer siglo por los primeros cristianos (es considerada el lugar más sagrado de la abadía) y albergaba numerosísimas reliquias. Acabó siendo devastada por un incendio en 1184. Fue reconstruida rápidamente (en tan solo dos años) en piedra. Comenzó siendo un edificio independiente para el el siglo XIII unirse a la iglesia abacial mediante la construcción de la llamada Capilla Galilea de la que quedan muy pocos restos.
Conserva dos espléndidas portadas siendo quizá la más interesante, por su gran decoración en románico tardío y transición al gótico, la orientada al Norte.
Hoy vemos la piedra desnuda, pero en su momento toda la portada, y el interior de la capilla, estaba pintada con vivos pigmentos de colores oro, azul, rojo y ocre.
Los detalles son importantes y abundantes. Encontramos elaboradas y complejas tallas en zigzag, motivos vegetales y motivos figurativos. La portada Norte nos muestra elaboradas escenas de la Virgen (os enseño dos sectores de sus arquivoltas). En cambio, la portada Sur hay un inacabado ciclo de la Creación, pues fue abandonado tras la muerte de Enrique IV, el gran y principal mecenas y financiador del cenobio.
En el interior observamos la existencia de cuatro tramos en el templo y numerosos vanos con una convivencia de arcos de medio punto y arcos apuntados. Os adjunto una imagen obtenida de los paneles informativos donde se nos muestra la iglesia con todo su color original.
Bajo tierra, la capilla de la cripta de San José de Arimatea que fue construida a finales del siglo XV, cuando la leyenda de su fundación de la abadía estaba en su apogeo. Contaba con bóvedas bajas de abanico, y gruesas paredes que contenían las tumbas de importantes personajes. En 1539 Enrique XVIII disolvió los monasterios y nuestra abadía no fue excepción: el lugar fue saqueado y la cripta acabó inundada y sepultada bajo escombros durante. Fue redescubierta y saneada a comienzos del siglo XIX.
Contiguo a la cripta se encuentra el Pozo de St. Joseph, un pozo de piedra, quizá de origen romano. En la época medieval, los peregrinos bajaban a la cripta en busca del pozo y de sus aguas a las que atribuían propiedades curativas milagrosas. Cripta y pozo se convirtieron en el centro de un culto de sanación en el siglo XVI.
Al sur del edificio religioso se encontraba el primitivo cementerio de la abadía. Es en este espacio donde en 1991 se produjo un hecho sorprendente en unas circunstancias excepcionales: unos años antes un incendio había devastado la abadía, no había fondos para reconstruirla y existía una competencia con otras catedrales para atraer peregrinos y dinero. Se necesitaba un milagro y se produjo: los monjes se pusieron a cavar entre dos pirámides de piedra que había en el cementerio, a siete metros de profundidad apareció un ataúd de roble con los restos de un hombre con numerosas heridas y un mechón de pelo rubio. Y aún más, bajo el ataúd apareció una cruz con una inscripción en latín: " Hic iacet inclitus rex Arturus, in insula Avalonia sepultus (aquí yace sepultado el famoso rey Arturo en la isla de Avalon)". Fue extraordinario acto de propaganda que atrajo numerosos peregrinos y dinero, hecho que todavía continúa produciéndose (yo mismo).
Este hecho supuso un hito para la abadía en muchos aspectos. Un marcado rectángulo señala el lugar donde se hallaron los supuestos restos.
Me dirijo a los restos de la contigua iglesia abacial. No son muchos, aunque sí nos dan una idea de sus grandiosas proporciones. En el museo encontraremos una maqueta donde podemos verla en todo su esplendor.
Un escueto dibujo de su planta con sus diferentes partes sería:
En primer lugar, vemos un sector del muro Sur que comunicaría con el claustro. Realizado con mampostería, solo conserva la parte inferior con tres vanos de arcos apuntados.
Quizá la imagen más icónica es la que os muestro a continuación. Son dos de los restos de sostenían los cuatro arcos del crucero que soportarían la torre principal del templo. Por cierto, la altura de la construcción desaparecida duplicaría la que actualmente podemos admirar.
A un lugar privilegiado del templo, muy cerca del altar, se trasladaron los restos del supuesto rey Arturo encontrados en el cementerio. Se elaboró una tumba de mármol negro con cuatro leones en la base y la figura esculpida en relieve a los pies. Lamentablemente cuando Enrique VIII disolvió los monasterios los huesos desaparecieron y el mármol reaprovechado.
El edificio mejor conservado del conjunto se encuentra al SO y es la cocina. Pero esta cocina no servía a los monjes, sino a la mesa del abad y a sus invitados. Perpendicular a esta construcción existía otra, de la que apenas quedan restos, destinada a alojar a los abades e invitados a partir del siglo XIV.
La cocina es cuadrada, con techumbre octogonal y varias salidas de humos en el centro. Existen diferentes chimeneas, cada una de ellas con una función diferente. También existía una galería que usaba el principal cocinero para supervisar a los trabajadores. Actualmente exhibe recreaciones de comida, cerámica y utensilios.
Del resto de los edificios de la Abadía queda muy poca cosa, escasos restos del dormitorio, cocina, refectorio...
En la gran extensión de terreno (recuerdo, catorce hectáreas) hay bellos rincones como un huerto con plantas medievales, algún estanque y numerosos árboles centenarios y muchos manzanos (en la tradición celta, es un árbol mágico asociado a Avalon).
Y, aquí y allí, encontramos abandonados elementos arquitectónicos y sugerentes rincones.
Me quedan dos espacios. El primero es la capilla de S. Patricio. Cuenta la leyenda que el apóstol de Irlanda, en su vejez (siglo V), regresó a Inglaterra y reuniendo a varios ermitaños cerca de Glastonbury se convirtió en el primer abad del cenobio. No hay pruebas de ello de ningún tipo, es otra leyenda.
Lo que sí encontramos es una pequeña capilla construida a principios del siglo XVI, pero sobre antiguos muros del siglo XIII- XIV. Tanto las pinturas murales como las vidrieras son actuales.
Me queda por ver el museo. Muy interesante. Recoge restos arqueológicos, esculturales y documentales. Imprescindible visitarlo despacio para intentar descubrir y conocer el enclave desde muy diversos puntos de vista. A destacar los primeros vidrios sajones y algunas de las mejores y primigenias esculturas románicas de Gran Bretaña.
En el siglo XVI la abadía alcanzó su máximo poder y riqueza. Su poder mítico también estaba en su cenit tras siglos de desarrollo y afirmación de que José de Arimatea fue su primer fundador. En 1534 Enrique VIII se nombró jefe de la iglesia en Inglaterra y comenzó a suprimir los monasterios. Glastonbury aguantó unos años, pero finalmente su último abad fue arrestado y ejecutado (en ese momento contaba con una comunidad registrada de 54 monjes).
Tras su disolución fue despojada de los objetos de valor, sus piedras y ornamentos utilizados para nuevos edificios y las tierras pasaron a un ducado. Acabó en la ruina y pasando por distintas manos y familias. A comienzos del siglo XX fue adquirida en nombre de la iglesia de Inglaterra. Actualmente está registrada como una organización benéfica.
Abadía de Glastonbury, un enclave mágico y mítico en muchos sentidos.





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