MONASTERIO DE SANTA MARÍA DE SAN SALVADOR (Cañas. La Rioja).


MONASTERIO DE SANTA MARÍA DE SAN SALVADOR (Cañas. La Rioja).


Esta abadía cisterciense es una de las primeras que se fundaron en España y la primera de la actual La Rioja. El IX señor de Vizcaya donó en 1169 la villa de Cañas y Canillas al Monasterio de la Hayuela situado en pleno Camino de Santiago, en santo Domingo de la Calzada. La comunidad, buscando un retiro más tranquilo y sosegado, fundan una nueva Abadía en Cañas bajo el Císter. Ha tenido ininterrumpidamente y tiene comunidad desde su fundación
 

 El monasterio que hoy vemos fue construido a lo largo de varios siglos. A continuación, os muestro la planta del monasterio con sus distintos períodos constructivos y sus principales elementos. 



Camino de la iglesia recorremos la panda norte del claustro. Se trata de un claustro de planta cuadrada, de dos pisos y con un pequeño jardín en su interior. El claustro bajo está formado por una galería cerrada con nueve arcos de medio punto por lado. El claustro alto también tiene arcos de medio punto, pero con la singularidad de que han sido cegados dejando una ventana en el centro de cada arco,

El pavimento está realizado con cantos rodados que forman figuras geométricas. Como es habitual alrededor del mismo se articulan todas las dependencias del monasterio. Desde el claustro podemos ver la espadaña de doble campana pues la iglesia no tiene torre.




En la esquina nordeste se encuentra la puerta que comunica el claustro con la iglesia. Se compone de cuatro arquivoltas apuntadas que descansan en tres pares de columna. La decoración es sobria destacando una arquivolta con dientes de sierra.


 

La iglesia (gótica) tiene dos fases constructivas. La primera corresponde a principios del siglo XIII con financiación de la Urraca Díaz de Haro, pero tras su muerte quedó paralizada por motivos económicos (una inscripción daba como final de esta etapa en 1236). Esta etapa comprende la cabecera y el crucero. 

La segunda etapa se haría a principios del siglo XVI por iniciativa de la abadesa Isabel Téllez ampliándose la nave central dejando a la iglesia con una planta un tanto peculiar.

Al entrar en la iglesia nos sorprende su luminosidad. Vemos algo extraño. En las fotografía subsiguientes os muestro el ábside y los pies del templo. Vemos que el retablo se encuentra a los pies. En 1975 al realizar una restauración de este se descubrieron los seis ventanales de doble piso  del siglo XIII adornados con varios parteluces y triple lazo en cuadrifolio y trifolio. Se optó por no volver a cubrirlo y trasladar el retablo a los pies desmontando el coro alto y bajo que se encontraba en este lugar.

La luminosidad es magnífica. Pensemos que san Bernardo (impulsor del Císter en Europa) identificaba la luz blanca (con alabastro, sin vidrieras) con la gracia de Dios.




A continuación, os muestro los tres ábsides de la cabecera. El ábside central está presidido por un Cristo de tres clavos del s. XIV y en el ábside de la nave de la Epístola podemos ver una talla gótica de la Virgen de Cañas del siglo XIII. 
 



Como siempre, es conveniente elevar la mirada y contemplar las cubiertas, asombrosas.



Vayamos al retablo. No podemos verlo con detalle pues se haya en zona de clausura. Fue mandado construir en el siglo XVI por la abadesa Leonor de Ossorio (la vemos representada, abajo a la derecha, junto a la Virgen y a S. Bernardo.

Está configurado como un tríptico, siete calles, tres pisos, banco y ático. Las cuatro calles laterales son tablas pintadas. La calle central tiene tallas, de abajo a arriba: Virgen con Niño junto a S. Benito y S. Bernardo; Epifanía  con S. Juan Bautista y el arcángel San Miguel; Asunción de la Virgen con santa Catalina y María Magdalena. En el ático, un Calvario con S. Juan y María Madre.



Volvemos al claustro. Llegamos a la sala capitular. La bella entrada está flanqueada por dos ventanales bordados en piedra por ambas caras con motivos florales. Como sabemos era el lugar reunión a Capítulo de la comunidad (falta el banco corrido en las paredes). Más adelante se convertirá en lugar de enterramiento de las abadesas.
 

 
 
El interior es un espacio amplio y esbelto cubierto con cuatro tramos de crucería que descansan en una gruesa columna monolítica que como si fuese una palmera extiende sus ramas hacia las columnas adosadas en los muros.



El espacio recoge varias laudas sepulcrales de abadesas de los siglos XIII y XIV.



Sin embargo, la joya del monasterio es el sepulcro gótico (siglo XIII) de la beata Urraca López de Haro. El sepulcro ha sido abierto en varias ocasiones, la última en 1938, comprobándose que el cuerpo, se encuentra incorrupto y sus mejillas sonrosadas y frescas.

 La pieza, de piedra, se compone de dos partes: la losa sepulcral que la cubre que tiene esculpida en altorrelieve la estatua yacente de doña Urraca (con báculo abacial y tres monjas sentadas a sus pies) y la caja.



Además del báculo podemos ver que sostiene con la mano derecha un rosario. A cada lado, unos ángeles que portan incensarios a los lados.  



El sepulcro se apoya sobre tres parejas de ménsulas labradas que representan a otros tantos lobos, referencia heráldica de los López de Haro.

Todas las caras de la caja están labradas e historiadas. En el lateral derecho representa los funerales y entierro de la difunta con un cortejo fúnebre (con atuendos de la época) de abades, obispos, acólitos, plañideras, damas de la nobleza, monjes y frailes.




En el lateral izquierdo, un abad da el pésame a un cortejo de once monjas que, en diversas actitudes representan a la comunidad de monjas del monasterio.




En la cabecera aparecen cinco figuras. Parecen representar la entrada de la beata en el monasterio siendo niña, lleva las obras de s u vida y se las presenta a S. Pedro para su entrada en el cielo.

A los pies la beata Urraca, superado el juicio de Dios y desnuda de todo lo terrenal, es transportada al cielo por dos ángeles.




Siguiendo nuestro recorrido llegamos a la llamada Sala de las reliquias que recoge una colección de reliquias y relicarios que las monjas han ido recogiendo a lo largo de los tiempos. 

Encontramos, por ejemplo, una reliquia (un hueso) procedente de Sta. Engracia, pero eso sí, certificada su autenticidad por un documento fechado en 1694 por fray Carlos Ximenez de Urrea, prior del Real Monasterio de Sta. Engracia de la ciudad de Zaragoza.

También podemos ver, esta vez sin certificado, las herraduras del caballo de Santiago Matamoros.




Pero lo que me produjo cierta "ternura" fueron unos objetos. Vamos por partes, el monasterio recoge los cuatro cráneos de aquellas "once mil vírgenes". Repasemos la historia/leyenda. Una joven germana llamada Úrsula se convirtió al cristianismo prometiendo preservar su virginidad. En Colonia fue sorprendida junto a otras doncellas por los hunos que quisieron violarlas. Al no conseguirlo fueron martirizadas. Un documento del siglo X dice:"Dei et Sanctas Mariae ac ipsarum XI m virginum" . "XI m virginum" fue traducido erróneamente como once mil vírgenes en lugar de once mártires vírgenes.
 
 Bien, la ternura de la que os comentaba es producido por que las monjas realizaron unas primorosas fundas de tela para las supuestas reliquias.

   
 


El último espacio que vamos a visitar es la cilla, lo que fue en tiempos pasados almacén de alimentos y bodega. Ha sido transformado en un espacio museístico muy interesante.




Abandonamos el enclave, que es muy desconocido. Me ha sorprendido. Para tener en cuenta e incluir en la muy rica riqueza monástica de La Rioja.









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