RENNES LE CHÂTEAU (Languedoc. Francia).


Nos encontramos camino de un pequeño pueblecito de Languedoc francés. Nos dirigimos a Rennes le Château. Este lugar nos evoca misterio, leyendas, tesoros, secretos … 



Rennes le Château es un lugar tranquilo, solitario. Se encuentra situado sobre una colina desde la cual se domina el resto de la comarca lo que propicio que fuese habitado desde la más remota antigüedad. Sobre el enclave aparecen y se desarrollan multitud de leyendas.

Así es, una leyenda recoge que en el siglo I José de Arimatea y María Magdalena desembarcaron en el sur de Francia. Traían consigo el Grial (Graal) pero considerándolo no como el cáliz de la Última Cena sino con un niño que sería hijo de Jesús, la "sangre real" constituyendo el primer eslabón de una dinastía mesiánica.

Otra leyenda también relaciona el lugar con un posible tesoro visigodo. En el 410 Alarico saquea Roma y se lleva el tesoro del Templo parte del cual los romanos habían traído de Jerusalén. Sabemos que el origen de nuestro pueblecito es una muy importante ciudad visigoda que podría alcanzar los veinticinco mil habitantes. En el siglo VI los merovingios se extienden sobre la Galia meridional y los visigodos. Estos invasores enterraban a sus soberanos con joyas y tesoros. No sería descabellado encontrar un tesoro de ese origen en la región... postula la leyenda.

Por otro lado nos encontramos en tierra de cátaros y templarios. Estamos muy cerca de Montsegur y del castillo del sexto gran maestre de la Orden del Temple: Beltrán de Blanquefort (curiosamente fue pariente de Clemente V, el papa que colaboró en la destrucción de la Orden). Podríamos pensar en un posible tesoro o templario pero esta posibilidad me parece de las más improbables.

También existe la teoría de que en el lugar se encontraría escondido el tesoro de Blanca de Castilla, tesoro de la corona francesa reunido por la esposa de Luis VIII para pagar el rescate de su hijo, el futuro S. Luis, apresado en una cruzada.

He hablado de tesoros, de misterio, de leyendas... creo que es hora de hablar del personaje que hizo a Rennes le Château famoso y lo pusiera como destino de numerosos buscadores de riquezas y amantes del Misterio.

En 1885 destinan a un joven sacerdote a nuestro pequeño pueblo debido a unas ideas políticas digamos, poco convenientes. Es François Berenguer Saunière. La iglesia, construida sobre cimientos visigodos se encontraba en un pésimo estado por lo que en 1891 decide hacer unos pequeños arreglos. Al levantar la losa del altar descubre que uno de los dos pilares visigóticos que la sostienen está hueco. En su interior encuentra varios pergaminos encriptados, dos antiguos (con lo que parecen genealogías) y dos de su predecesor en la parroquia (más de un siglo antes) el abad Antoine Bigou. (en las fotos siguientes el pilar y uno de los supuestos documentos).




Seguimos con la leyenda. Antoine Bigou era el confesor de la marquesa Marie de Hautpoul de Blanchefort. Sí, era descendiente de aquel sexto maestre templario que nombraba unos párrafos más arriba. La marquesa transmitirá a su confesor un gran secreto familiar y unos documentos que han sido transmitidos en la familia de generación en generación. También pide a Bigou que a su vez lo haga también a alguien de su confianza. El abad Antoine esconde los pergaminos en el pilar y deja un enigmático mensaje en la lápida de la tumba de la marquesa sita en el anejo cementerio. 

Berenguer Saunière levantará también una losa colocada cara abajo en el interior de la iglesia, cerca del altar. Es la Losa de los Caballeros. Bajo ella hallará una olla con monedas de oro. 

El abad sigue buscando acompañado de su fiel criada y confidente Marie Dénarnaud y descubre que lo que realmente esconde la Losa de los Caballeros son unas escaleras que llevan a una cripta con dos sarcófagos (existe la teoría de que a esta cripta se entraría por el cementerio. Es más alrededor de toda la iglesia hay una línea blanca que indicaría que alguien de la realeza está enterrado en ese templo.




Un confuso abad pide consejo su obispo de Carcasona quien le propone y autoriza ir a Paris. Allí entra en contacto con un selecto grupo de personajes, adquiere tres copias de cuadros expuestos en el Louvre y vuelve a Rennes le Château. 

A la vuelta sella el acceso a la cripta y realiza modificaciones en el cementerio. Entre otras acciones mueve la losa y modifica el texto de la lápida de la marquesa de Blanchefort.

A partir de este momento el paupérrimo cura de pueblo vive como si tuviera una fortuna considerable. En 1899, Saunière compra seis terrenos en el pueblo, a nombre de su ama de llaves, Marie Dénnarnaud, que él designó como su heredera. Las construcciones en el área terminaron en 1906. Hizo un jardín con una colección de animales salvajes, donde reunió monos, guacamayos, un invernadero, dos torres (una de cristal y piedra), la Torre Magdala conectadas por una pasarela, y también una casa, la villa Betania, pequeña pero lujosa donde Saunière hospedará altas personalidades (incluido el archiduque Jean Stéphane de Habsburgo, primo del emperador austrohúngaro), a quien ofrecía manjares refinados y bebidas espirituosas exquisitas.



 Las relaciones con su obispo se tensan pues quiere saber el origen del dinero. El prelado acaba acusándole de simonía, le reclama a dar explicaciones, él se niega y, por carta, le indica que está protegido por las más altas instancias. Como final se le aparta del sacerdocio, pero nunca abandonará Rennes le Château.

La iglesia, construida sobre un templo anterior, se encuentra llena de simbolismos masónicos y rosacruces, mensajes encriptados y una escogida iconografía. Comencemos por su portada. Sobre un arco de medio punto encontramos un tímpano triangular con la figura de Sta. María Magdalena a quien está advocado el templo. En una dovela central hallamos una inscripción extraída del Génesis:

"Terribilis est locus iste" (Este lugar es terrible)



Cruzamos el umbral. Nos recibe Asmodeo (uno de los príncipes de los demonios, asociado en la Edad Media con el pecado de la lujuria) que sostiene la pila de agua bendita. Sobre la pila, cuatro ángeles realizan la señal de la cruz. Bajo ellos una nueva inscripción: 

"Par ce signe tu le vaincras" (Saunière añade la palabra le al lema de Constantino).




El templo es sencillo con un púlpito e imágenes cuidadosamente elegidas en cabecera y laterales.

Los 17 de enero, a mediodía, durante unos minutos, se producen uno de esos fenómenos lumínicos que tanto me gustan. La luz atraviesa las vidrieras y produce unos reflejos conocido como las manzanas azules (la foto que os comparto pertenece a Clara Díaz de su blog Diario de a bordo). Quedaos con esa fecha, aparecerá más veces...





El ábside está coronado con una bóveda azul adornada con estrellas doradas. Debajo vemos la imagen de San José y la Virgen María. Pero, notamos algo que llama nuestra atención, ambos portan un niño. ¿Gemelos?




En el templo podemos ver tallas de Sta. Germana, S. Roque, S. Lucas, S. Antonio Ermitaño, S. Antonio de Padua, San Lucas y, por supuesto, Sta. María Magdalena. La disposición en la iglesia de estas imágenes es "especial":




Como vemos la colocación de las esculturas forman, siguiendo una "M" (Magdalena) invertida y usando las iniciales del nombre de los santos, la palabra Graal (Grial).

Las estaciones del viacrucis también tienen su particularidad. En primer lugar están colocadas en sentido inverso al habitual. Por otra parte, observamos que la mayoría a de las estaciones tienen mensajes o guiños ocultos a la masonería y Orden Rosacruz. Por ejemplo, en la estación VIII podemos ver a Jesús ante un grupo de mujeres (una ellas ataviada con un velo de viuda). Una mujer arrodillada sostiene a un niño arropado con un manto escoces azul (masonería del rito escocés originada a partir de la Rosacruz alemana). Por cierto, coronando cada una de las estaciones de este viacrucis encontramos una cruz y una rosa...

 La estación XIV nos muestra el traslado del cuerpo de Jesucristo al sepulcro de José de Arimatea en una noche iluminada por una luna llena. Pero, la Pascua judía comenzaba al anochecer y, no estaba permitido sepultar ningún cuerpo en el Sabbath. O quizá Jesús no estaba muerto y lo que hacían eran transportarlo al amparo de la noche...En la estación X vemos como los soldados se juegan la túnica de Jesús a los dados. Observamos la jugada, las caras muestran un cuatro, un cinco y un tres que, sumados al número de la estación, diez, nos da una cifra 22 (un número maestro). 




Se ha especulado mucho sobre este número 22 que aparece abundantemente en Rennes. Es el número de letras del mensaje que nos recibía, Par ce signe tú le veincras (tengamos en cuenta que el "le" no figura en el mensaje original, fue añadido por Saunière). Este número aparece en numerosas ocasiones:
  • Los peldaños que nos llevan a lo alto de la Torre Magdala son 22.
  • El número de almenas de la torre es 22.
  • El total de los peldaños de la doble escalera que encontramos en el mirador es 22 (11+11).
  • la escaleras por las que subimos al mirador por el interior del invernadero son 22.
Pero existe otro número, en realidad una fecha, recurrente en Rennes le Château, el 17 de enero. Esta es la fecha que aparece en aquella lápida de la marquesa Marie de Hautpoul de Blanchefort. También es en la que Berenguer Saunière sufre una apoplejía de la que muere días después (por cierto, tan solo una semana antes encarga su ataúd, curioso). 

Continuemos. Muy cerca del templo está el museo montado en el antiguo presbiterio. Allí encontraremos documentos, copias, recreaciones, maquetas... todo ello relacionado con este misterioso lugar. 

Nuestro siguiente punto de interés es la Villa Betania. Es la casona de tres plantas que hizo construir Saunière. Veremos referencias a María Magdalena y simbolismo religioso. 




La Torre Magdala es seguramente el edificio más emblemático. Se trata de una pequeña construcción de estilo neogótico construida sobre un pequeño montículo. Albergaba la biblioteca privada de Saunière. Unido a la torre por medio de un mirador tenemos el invernadero.





A la muerte de François Berenguer Saunière, cinco días después de tener la apoplejía (curiosamente, en perfecta salud, había encargado su ataúd una semana antes). Otro hecho. Parece ser que poco antes de morir recibió la visita de un sacerdote para adminístrale la extremaunción. Pasan toda una tarde hablando. Se dice que cuando salió del dormitorio parecía otra persona, tenía otra actitud, como si estuviera al tanto de un pesado y gran secreto, incluso se olvidó de darle el sacramento. Lo hizo ya fallecido.

Todas las posesiones y "secretos" pasaron a su ama de llaves y confidente Marie Dénarnauld viviendo cómodamente en Villa Betania. Al acabar la Segunda Guerra Mundial el gobierno francés puso en circulación una nuevo franco que los ciudadanos al realizar el cambio debían declarar su procedencia de origen. Marie adquirió grandes deudas por los impuestos de la propiedad. Pero, antes de dar explicaciones, prefirió la pobreza. Al poco tiempo vendió todas las propiedades con la condición de poder quedarse en el lugar hasta su muerte y solo entonces revelaría el secreto al nuevo dueño. El nuevo propietario fue Nöel Corbu que transformó villa Betania en un pequeño hotel y, por supuesto, estuvo buscando el tesoro sin encontrarlo. 

Marie Dénarnauld sufrió un ictus en 1953 que le privó del habla y, con ello, del secreto a Nöel Corbu. El dueño actual de la propiedad es el ayuntamiento de la población.

El misterio de Rennes se encuentra también manchado de sangre. Un íntimo amigo de Sauniere, Jean Antoine Gélis, fue asesinado de varios golpes en la cabeza en noviembre de 1897. Joseph Rescanières, párroco de Rennes les Bains, también murió misteriosamente. Se ha especulado que ambas muertes estuvieran relacionadas con el secreto de Saunière. Jean Luc Robin, estudioso del lugar también murió repentinamente, poco después de acceder al ayuntamiento, tras elecciones municipales, y tener mejor acceso a los lugares.

Tras una breve visita a la supuesta tumba de  François Berenguer Saunière abandonamos la población. Por cierto, desde 1965, según reza un cartel no está permitido excavar en el pueblo... los buscatesoros no son bienvenidos.





Mi opinión. Pienso que Berenguer Saunière encontró algo, sin duda. Ello le llevo a disponer de dinero y protección de altas instancias. Un tesoro, información dedicada para el Vaticano… quien sabe. Lo que acabáis de leer solamente es un acercamiento al lugar y fenómeno, existen multitud de autores que han realizado grandes estudios y ensayos sobre el tema. Pero cuidado, paralelamente también han surgido oportunistas y fraudes relacionados con el mismo.



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