CASTILLO DE TRASMOZ. (Trasmoz. Zaragoza).


Aunque el título hace referencia al castillo, en esta entrada también hablaremos de la población de Trasmoz, de brujería, de superstición, de rivalidades con el monasterio de Veruela, de poder feudal y poder religioso.



Trasmoz es un tranquilo pueblecito de apenas setenta habitantes situado a las faldas del mágico Moncayo. Cuenta con la particularidad de que el pueblo en su conjunto fue excomulgado en 1255. Esta excomunión no ha sido revocada por lo que podríamos decir que "técnicamente" Trasmoz sigue excomulgado. Os cuento el origen de este dislate.

En el siglo XIII la madera era fundamental para la vida cotidiana. El lugar donde se proveían de ella  en esta zona era el Monte de la Mata. Las discusiones y enfrentamientos entre el Monasterio de Veruela y los vecinos por el acopio de leña eran constantes. Un día el abad, Andrés de Tudela, cansado de lo que consideraba una falta de autoridad, tomó una radical decisión: excomulgó a todo el pueblo de Trasmoz.

No acabó así la cosa, poco más de dos siglos y medio después, hubo un nuevo enfrentamiento entre el Monasterio y, en este caso, Pedro Manuel Ximénez de Urrea, señor de Trasmoz (una curiosidad, D. Pedro Manuel es el primer poeta aragonés publicado). En este caso la protagonista fue el agua. El agua no llegaba a las familias de la población pues se desviaba su curso cuando pasaba por las tierras del Monasterio. En esta ocasión llegaron a mediar las Cortes de Aragón las cuales dieron la razón al señor de Trasmoz. Sin embargo, el abad hizo oídos sordos y fue más allá: una madrugada de 1511 tapó con un velo negro la cruz del altar y volvió a maldecir a la aldea, sus habitantes y los descendientes. Para ello, como oración imprecatoria, recitó el salmo 108. Merece la pena leerlo:


"Oh Dios, Gloria mía, no enmudezcas, porque bocas impías y dolosas

 se han abierto contra mí y me hablan con lengua pérfida.

Me asedian con odiosos discursos me combaten sin motivo.

Por lo que me debieran amar, me acusan, y yo hago oración.

Me devuelven mal por bien, y odio a cambio de mi amor.

Ponlo bajo la mano de un impío, con el acusador a su derecha.

Cuando se le juzgue, salga condenado, y su oración sea pecado.

Acórtense sus días, y otro reciba su ministerio. Que sus hijos queden huérfanos y viuda su mujer.

Anden sus hijos mendigando, errantes, arrojados de sus casas destruidas.

El usurero aseche todos sus bienes, y sea presa de los extraños el fruto de su trabajo.

Nadie le muestre misericordia y ninguno se compadezca de sus huérfanos.

Sea su posteridad entregada al exterminio, extíngase su nombre en la primera generación.

La culpa de sus padres sea recordada [por Yahvé], y el pecado de su madre no se borre.

Estén siempre ante los ojos de Yahvé, para que Él quite de la tierra su memoria;

pues no pensó en usar de misericordia, sino que persiguió al infortunado, al pobre 

al afligido de corazón, para darle el golpe de muerte.

Amó la maldición. ¡Cáigale encima! No quiso la bendición. ¡Apártese de él!

Se revistió de maldición como de una túnica; y le penetró como agua en sus entrañas,

y como aceite en sus huesos.

Séale como manto que lo cubra, y como cinto con que siempre se ciña.

Tal pago tengan [de Yahvé] los que me acusan y los que profieren maldiciones contra mí.

Mas Tú, Yahvé, Señor mío, haz conmigo según la gloria de tu Nombre; 

sálvame, pues tu bondad es misericordiosa.

Porque yo soy un infortunado y pobre, y llevo en mí el corazón herido.

Como sombra que declina, me voy desvaneciendo; soy arrojado como la langosta.

Mis rodillas vacilan, debilitadas por el ayuno, y mi carne, enflaquecida, desfallece.

Y he venido a ser el escarnio de ellos; me miran, y hacen meneos de cabeza.

Ayúdame, Yahvé, Dios mío, sálvame conforme a tu misericordia.

 Y sepan que aquí está tu mano, y que eres Tú, Yahvé, quien lo ha hecho.

Que ellos maldigan, pero Tú bendíceme.

Véanse confundidos los que contra mí se levantan, mas alégrese tu siervo.

Sean cubiertos de ignominia los que me acusan, y envueltos en su confusión como en un manto.

Mi boca rebosará de alabanzas a Yahvé;

 en medio de la gran multitud cantaré sus glorias; porque Él se mantuvo

a la derecha de este pobre para salvarlo de sus jueces". 

Pero volvamos al castillo. Se tiene conocimiento de la fortaleza ya en 1185 cuando perteneciendo a Navarra era motivo de disputa entre este reino y la Corona de Aragón. Fue conquistada para este último reino por Jaime I en 1232. Pero las disputas continuaron, esta vez entre nobles aragoneses. Por todo ello muchos de sus elementos como almenas y foso se han perdido. Especialmente devastadora para su estructura fue la guerra de los Dos Pedros en el siglo XV.

 Su planta es de hexágono irregular con una torre del homenaje en el centro y al lado restos de un aljibe protegido. 



El acceso se realiza por una torre-puerta. Contaba con otras torres defensivas. Sus muros, de importante grosor, cuentan con varias líneas de saeteras. El aljibe se encuentra en el muro norte de la torre central del homenaje y todavía quedan restos de la estructura que lo protegía y cubría. Este aljibe y la Torre del Homenaje son los restos más antiguos del castillo datándose en el siglo XII.



La Torre del Homenaje se encuentra en el centro de la fortaleza, era el último reducto defensivo. Tiene cuatro plantas y azotea. Se encuentra profundamente restaurada pues sufrió un devastador incendio en 1530. Este incendio provocó el abandono de la fortaleza y su uso como cantera para la población vecina. 



Actualmente es un espacio museístico. En sus distintas salas podemos encontrar materiales encontrados en las distintas excavaciones efectuadas. También hallamos armaduras, armas y objetos de su momento de mayor esplendor. Y también, como no, referencias a la brujería. 




Y que el castillo recoja un museo de la brujería no es casual porque es precisamente es el castillo donde comienza la historia de la brujería en Trasmoz. Se cuenta que fue allí, en el siglo XIII, se hicieron falsas monedas. Ante el ruido que se creaba se difundió el rumor que era lugar de aquelarres y el ruido provenía de cadenas y los movimientos de los calderos donde se hervían las pociones mágicas en la noche. 

El genial poeta Gustavo Adolfo Bécquer, durante su estancia en el cercano monasterio de Veruela, recogió y creó leyendas sobre villa y el castillo. Por ejemplo, el caso de "la Tía Casca" a la que describió en la carta VI del libro epistolar "Desde mi celda" del siguiente modo:

 "Con sus greñas blancuznas, su formas extravagantes, su cuerpo encorvado y sus brazos disformes, que se destacaban angulosos y oscuros sobre el fondo de fuego del horizonte"

Pero la tía Casca existió realmente, en el siglo XIX. Según se dice sus poderes provenían de un unto cuya secreta receta se transmitían de generación en generación. Sus convecinos, cansados de sus tropelías, la persiguieron y  lincharon despeñándola por un barranco cercano al castillo. Según recoge D. Antonio Beltrán, en un estudio etnológico sobre la comarca del Moncayo, "los periódicos de toda España dieron cuenta del suceso y algunos de los autores del crimen fueron condenados a presidio, aunque su acción fue saludada como un bien de caridad por la mayor parte de sus convecinos"

Siguiendo el tema "brujesco", Trasmoz lo potencia turísticamente de forma importante. Realiza anualmente, en julio, la Feria de la Brujería, Magia y Plantas Medicinales. Es un interesante evento en el que los propios vecinos eligen a la Bruja del Año e incluso podremos usar "monedas" de la propia villa. La población de Trasmoz llega a multiplicarse ese día por cien.









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