SANTA SOFÍA (Estambul. Turquía).


"Dedicada a la Divina Sabiduría" es uno de los lugares imprescindibles a visitar si nos encontramos en Estambul. Es la joya bizantina de la ciudad. Pero la maravilla que vamos a ver no es la primera construcción sagrada en ese mismo lugar.



El primer templo fue construido a mediados del siglo IV en el reinado de Constancio II. A comienzos del siglo V, durante unos disturbios, fue quemado y casi destruido en su totalidad. No se conserva nada de este primer edificio.

Teodosio II ordenó la construcción de una nueva iglesia que fue inaugurada en el 415. Este templo fue destruido durante los terribles disturbios de la Niká en el 532. Actualmente podemos ver algunos bloques de este templo mientras hacemos cola para entrar.  Os muestro uno de estos bloques de mármol en el que vemos un relieve de fila de unos corderos que representan a los apóstoles:




En ese mismo año el emperador Justiniano I decide la construcción de un nuevo templo que sería inaugurado en el 537. Pero en esta ocasión será una basílica más grande y majestuosa que las anteriores. A lo largo de su dilatada historia el templo ha sufrido incendios, terremotos y demás azares que llevaría a nuevas reconstrucciones, refuerzos y reparaciones parciales. 

Durante la cuarta cruzada, al comienzo del siglo XIII (aquella cruzada que se "desvió" y acabó conquistando Constantinopla), Santa Sofía fue saqueada, algunas reliquias fueron llevadas a occidente y durante la ocupación latina se convirtió en catedral católica. 

En 1453 Constantinopla fue conquistada por el sultán Mehmed II y el templo profanado y saqueado. Inmediatamente Santa Sofía fue convertida en la mezquita de Ayasofya. Paulatinamente se fueron construyendo el Mihrab y los cuatro minaretes. Más tarde se añadirían el minbar (púlpito), una madraza (escuela coránica) y otros elementos característicos de la religión musulmana.




En 1931 Atatürk, primer presidente turco, consideró el lugar como museo prohibiendo el culto en el mismo. A partir de junio de 2020 pasó a ser de nuevo mezquita por decisión del gobierno turco al mando del presidente Erdoğan. A partir de ese momento los iconos y mosaicos cristianos son cubiertos durante las oraciones musulmanas.

Entraremos al templo por la puerta de mayor esplendor, la entrada que usaban solamente los emperadores. En el tímpano de esta imperial puerta se encuentra un magnífico mosaico del siglo IX o X. En el mismo vemos al emperador León VI realizando la proskynesis a un Cristo entronado que bendice con la mano derecha y en la izquierda porta un libro donde se lee "La paz sea con vosotros. Yo soy la luz del mundo". Cristo se encuentra flanqueado por su madre María y el arcángel Gabriel.




Justiniano I emplearía en la construcción de la iglesia solamente cinco años. El emperador no escatimó en recursos materiales y humanos empleando diez mil personas y materiales lujosos de todas las partes del imperio.

La planta es rectangular con dos naves laterales y una central. La estructura está precedida por un nártex o pórtico y remata en un pequeño ábside. 

En su alzado vemos tres niveles: las arquerías inferiores, las tribunas abovedadas (una para hombres y otra para mujeres) y el muro superior con vanos que permiten la entrada de luz.




Al entrar vemos un espacio amplio, diáfano y bien iluminado. La mirada enseguida busca el elemento más característico, la grandiosa cúpula que simboliza al Cosmos gobernado por Dios. En cada una de sus pechinas, como sosteniéndola, cuatro ángeles. Sus dimensiones son de 31 metros de diámetro y fue levantada a unos 55 metros del suelo. Para contrarrestar el enorme peso hay dos grandes arcos de refuerzo que trasladan el peso a dos media cúpulas sitas a los pies y en la cabecera. El material usado en la cúpula fueron ánforas de arcilla montadas sobre cimbras. La base de la cúpula esta horadada por un gran número de ventanales que le da un aspecto de ingravidez. Leí en algún lado un comentario en la que se la asemejaba a una cúpula suspendida directamente del cielo por un hilo de oro.




También merece la pena observar la rica decoración trepanada de los capiteles de los más de cien columnas y pilares tanto del piso inferior como superior. En la fotografía de la derecha os muestro la gran exquisitez correspondiente a la biblioteca de Mahmud I.




Con la ocupación musulmana en 1453 se instaló el mihrab en dirección a la Meca en el mismo lugar en el que se encontraba el altar mayor anteriormente. Es de mármol, con inscripciones doradas. Flanqueando este mihrab se encuentran dos gigantescas velas que trajo el sultán Solimán el Magnífico en el siglo XVI de su conquista de Hungría. Las paredes adyacentes están llenas de azulejos. Es frecuente al visitar la mezquita ver un gato (os lo señalo con una flecha en la foto de la izquierda) deambulando o dormitando tranquilamente por el especial lugar.




En el mismo lugar, a la derecha, está el mimbar (especie de púlpito desde el cual el imán lee el sermón de los viernes) también de mármol.

A la izquierda del ábside se encuentra el Palco del sultán, de forma hexagonal, que tiene una bellísima filigrana de mármol.





Santa Sofía es sorprendente. La luz es especial, nos llega a través de múltiples vidrieras y vanos. Esta luz incidía, incide en las teselas de mosaicos y cubiertas y junto con las numerosas lámparas de bronce que hay proporcionan unos especiales destellos y reflejos. Esta luminosidad junto con la anteriormente nombrada "ingravidez" de su cúpula buscan la gloria espiritual, así como un posición de poder del imperio de Justiniano.
 
Algo que llama inmediatamente la atención son los medallones con caligrafía árabe que encontramos colgados de las paredes. El número de ellos es ocho y el material con el que se encuentran realizados es madera y piel de camello. En contra de lo que se pudiera pensar no fueron elaborados en el siglo XV (por la ocupación musulmana de la ciudad) sino que corresponden a un período de restauración italiana realizada a mitad del siglo XIX. Se encuentran distribuidos de la siguiente manera: 
  • En el ábside están Alá y el Profeta Mahoma.
  • En las esquinas de la cúpula los cuatro primeros califas, Abu Bakr, Umar, Uzmán y Ali.
  • Y en la nave los nietos del Profeta, Hasan y Husáin.



Este maravilloso continente guarda en su interior un magnífico y especial contenido; los mosaicos bizantinos. Sin embargo, debemos de tener la premisa de que muchos de ellos fueron destruidos. Algunos fueron respetados por que contenían figuras admitidas por el Corán, otros por su difícil accesibilidad o porque quedaron ocultos y se han descubierto en tiempos relativamente recientes. 

En esta planta ya hemos visto, en la puerta principal, el Cristo Pantocrátor bendiciendo. Y también podemos ver, en el ábside, a la Virgen María con el Niño en un lujoso trono.




En Santa Sofía puedes encontrar objetos y lugares curiosos y legendarios con historia propia. Por ejemplo, junto a la entrada  existen dos grandes recipientes de origen helenístico que fueron traídos para ser utilizados en las abluciones previas al rezo musulmán.

También quería mostraros una columna que se encuentra situada junto a las escaleras de subida al piso superior. Cuenta la leyenda que la columna llora por la muerte del sultán Vedud y que para construirla se usó saliva del mismísimo profeta Mahoma. La columna está forrada en su base por placas de cobre y en el centro tiene un agujero. Continúa diciendo la leyenda que hay que meter el dedo pulgar en el mismo y dar un giro de 360º, si sale mojado anuncia la curación de la enfermedad y proporcionar salud.




Ahora quisiera que me acompañaseis a las tribunas del piso superior. Os quiero una inscripción, un grafiti, un acto de vandalismo. Lo realizó a finales del siglo IX un vikingo llamado Halvdan que pertenecía a la unidad de élite del emperador de turno. Se encuentra en el mármol de una balaustrada e imagino que dice, en caracteres rúnicos, algo así como "Halvdan estuvo aquí"




En estas superiores galerías también hallamos significativos mosaicos. En la galería sur tenemos a Cristo en Majestad flanqueado por la Virgen María y Juan el Bautista que están intercediendo por la humanidad ante el Cristo Pantocrátor el día del Juicio Final. En este mosaico se encuentran los tres únicos personajes del Nuevo Testamento que son reconocidos por el Corán.




En otro mosaico, fechado en el siglo XI, vemos en esta ocasión flanqueando a Cristo al emperador Constantino IX y la emperatriz Zoé. Ambos llevan lujosas vestimentas y llevan respectivamente una bolsa de monedas y un pergamino donde se enumerarían las donaciones a la basílica. 



Muy cerca está el llamado Mosaico Conmeno. Es muy parecido al anterior, en el centro aparece la Virgen con el Niño en el regazo, flanqueada por el emperador Juan II y la emperatriz Irene. Ambos portan bolsa y pergamino como el anterior.




Y, por último y volviendo a la planta baja, al lado de la puerta de salida se encuentra el llamado Mosaico Sunu que fue encontrado en la nombrada restauración realizada a mediados del siglo XIX. En él vemos a la Virgen María con el Niño flanqueada por el emperador Constantino con una maqueta de la ciudad que fundó y a Justiniano con una maqueta de la basílica de Santa Sofía.

Ya en el exterior nos alejamos un poco y lanzamos una última mirada al templo. Desde el exterior se nos muestra como un edificio sólido, macizo. Vemos una serie de volúmenes que desde la cúpula van cayendo y disminuyendo, así como los contrafuertes que recibirán y soportarán los enormes empujes.

Fue la catedral con mayor superficie del mundo durante casi mil años, hasta que se completó la obra de la catedral de Santa María de la Sede (Sevilla) en 1506. 

 
 

Fue declarada por la UNESCO Patrimonio de humanidad en 1985 y es uno de los más bellos ejemplos del arte bizantino.




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