ENCOMIENDA TEMPLARIA DE ZARAGOZA. 


En esta ocasión voy a escribir sobre unos edificios que ya no existen físicamente, pero es tal mi implicación y gusto por la Orden Templaria que pienso que podrían tener cabida aquí. Hoy por hoy tan sólo nos quedan su rastro en algunos mapas, referencias documentales y algún otro topónimo como la calle del Temple, calle que nunca ha cambiado de nombre y de la que seguiremos su evolución en esta entrada.




Un poco de Historia. La Orden del Temple tuvo una importantísima implantación en la Corona de Aragón contando incluso con monarcas templarios. En la ciudad de Zaragoza su implantación no adquirió un importante desarrollo hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XII seguramente porque en un principio dependía de la encomienda de Comillas cuyo comendador era administrador de todos los bienes de la Orden en toda la Ribera del Ebro.

Está documentada la existencia de comendador de la Orden en la ciudad de Zaragoza en el año 1148 aunque se tienen noticias de que antes de esta fecha un tal Bernardo de Salvio era responsable de los intereses del Temple en la población. Es importante recordar por un momento el testamento (1131) de Alfonso I el Batallador en el que legó el reino a las órdenes del Santo Sepulcro, del Temple y de los Hospitalarios. El testamento era ilegal e irrealizable. Cada orden negoció unilateralmente una contrapartida por la renuncia de aquellos derechos testamentarios (en forma de compensación económica, bienes inmuebles u otra forma) con Ramón Berenguer IV (princeps de Aragón).

En el caso templario el acuerdo se lleva a cabo en Gerona en 1143 siendo protagonistas del mismo el nombrado Ramón Berenguer IV y Hugo de Payns (uno de aquellos nueve caballeros fundadores). En el acuerdo se especifica que, a cambio de la renuncia a los derechos que le correspondían por el testamento la Orden, recibiría una serie de propiedades inmuebles, una de las cuales se ubicaba en la actual calle del Temple, en la parroquia de San Felipe y, como curiosidad, también quedaba establecida una renta anual de 1000 sueldos para la encomienda templaria de Zaragoza.

 La Orden fue adquiriendo con el tiempo en Zaragoza casas, pardinas y otros inmuebles, bien por donaciones o simplemente por compra de los freires. También se compraron numerosas tierras en los arrabales, en los alrededores del núcleo urbano. 

Asimismo, sabemos que Alfonso II concedió al Temple de Zaragoza el control de una de las principales acequias que llegaban a la población. Los templarios tenían la obligación de mantenerla limpia para uso de los regantes y construir una presa en la Almozara  y, a cambio, recibirían un cuarto de cualquier simiente y siete dineros por cahiz (unos 180 litros) de viña. 

De igual manera es importante la actividad ganadera de la orden. Respecto a ella existente un documento, un convenio, firmado en la villa templaria de Alfocea (regida por la encomienda de Zaragoza) para que los rebaños de la orden pudieran pastar y acaballar en los montes del pueblo del Castellar (actualmente Torres de Berrellén).

En cuanto a la casa conventual se sabe que ya en 1164 se encontraba establecida en la parroquia de S. Felipe en la nombrada calle del Temple. A continuación os muestro la ubicación de la citada calle en el plano más antiguo que se conserva de la ciudad (año 1614) realizado por la Compañía de Jesús y hallado en Paris en 2010. Por cierto, en el mismo aparece una errata: la rosa de los vientos está al revés.




Sin embargo, no pudieron hacer la iglesia y cementerio propios hasta 1204, año en el que se llegó a un acuerdo con el obispo de la diócesis, que percibió a cambio la cuarta parte de los legados, impuestos.

 La iglesia se advocó a Sta. María y desapareció, fue derruida, hacia 1860. Se situaba en la esquina de las calle de los Augeros (actualmente Sta. Isabel) y del Temple con acceso  por el actual número 20 de esta última (fotografía de la derecha).




Desgraciadamente no se ha encontrado ningún dibujo o grabado que nos muestre cómo era Sta. María del Temple. Lo que sí que contamos es con planos que nos informan de su planta como el anteriormente mostrado. De esta cartografía zaragozana hay varios ejemplos, siendo muchos de origen militar y estar fechados los más antiguos en el siglo XVIII.

También hay variadas referencias a la iglesia en libros y guías del mismo siglo XVIII. Me gustó especialmente una que nos muestra D. Wifredo Rincón-García en un magnífico estudio sobre esta iglesia publicado en la revista CECEL del CSIC. Esta alusión pertenece a la "Guía de Zaragoza ó sea breve noticia de las antigüedades, establecimientos públicos, oficinas y edificios que contiene" (1860). La reseña dice:

"Iglesia del Temple. Situada en la calle de su nombre, donde permanecieron los Templarios hasta su extinción, y después se adjudicó á la orden de san Juan. Su fábrica es de ladrillo, octógona por fuera y circular por dentro, de forma ciertamente bien estraña para los primeros años del siglo XIII, en que la construyeron los poderosos Templarios, con su adjunto cementerio: su portada, aunque pequeña y con dos columnas, todo de piedra, se remonta á la mas remota antigüedad. Esta iglesia, aunque conservando sus formas respectables, ha estado cerrada para el culto desde años recientes, no habiendo sido ya mas qué un almacén de granos ó harinas. En el día se está derribando, para construir en el sitio que ocupa edificios modernos, iguales á los que tiene en sus inmediaciones"

De igual manera aparece reflejada en numerosos documentos testamentarios y últimas voluntades de zaragozanos que deseaban ser enterrados en el sacro lugar.

 Existe referencia documental fechada en 1387 de un recrecimiento en altura a cargo de un maestro constructor de la Orden Hospitalaria. En esta última etapa se utilizará el típico ladrillo mudéjar.

También existe conocimiento en forma de actas de capítulos celebrados en la iglesia de cofradías gremiales. Incluso sabemos que, a lo largo del siglo XVI, el gremio de los pergamineros de Zaragoza contó con capilla en el templo.

En 1991, tras la demolición del edificio que ocupaba la esquina de la calle Sta. Isabel con El Temple, se realizaron excavaciones arqueológicas que nos permitió conocer su planta y algo de su alzado. Era un edificio circular con una disposición de dos círculos concéntricos el interior de los cuales servía para el edículo central, más alto que la nave anular y que permitía la iluminación natural. El diámetro máximo de la iglesia era de 17,25 metros. En su construcción se produjeron cambios de concepción arquitectónica. En un principio se utilizó sillería de alabastro y cimentación de cal y canto. Inmediatamente después se utilizó ladrillo de pequeño tamaño con cal. En cuanto al sistema de las cubiertas nos es desconocido, aunque el Sr. Casabona, uno de los arqueólogos responsables de la excavación, sugiere la posibilidad de que, al menos en el siglo XIV, fuera un edificio abovedado con crucería simple (por restos de material encontrados).

En cuanto a posibles paralelismos con otros templos podemos compararla con la Vera Cruz (Segovia) aunque sin ábsides (nuestra iglesia no contaba con ellos) pero con unas proporciones muy parecidas. Fuera de España quizá la más semejante sería la Round Church de Cambridge en Inglaterra (imagen de la derecha).




Con la caída de la Orden del Temple en 1312 pasaría a formar parte de las posesiones de la Orden Hospitalaria en Zaragoza. 

A partir de 1387 cuando acaban las reformas de rehabilitación hospitalaria la actividad de la iglesia pasa a un segundo plano pues la Orden de S. Juan poseían el Palacio de san Juan de los Panetes y le dieron lógicamente prioridad de uso a este último.

En el siglo XIX se produce la desamortización de Mendizábal que deja el templo sin culto y en paulatino abandono. El lugar acaba siendo utilizado, hasta su derribo, como almacén.

De la encomienda del Temple en Zaragoza conocemos el nombre de treinta y seis comendadores siendo el último de ellos fray Ramón d'Oliver. Este Hermano formó parte, junto con fray Berenguer de Santjust (Miravet) y fray Jaume d'Oluja (Granyena) de la comisión que se entrevistó con el enviado por Jaime II, Pere de Queralt para tratar la rendición. Los templarios afirmaron que solo están dispuestos a obedecer al Papa, pero que, si eran acusados de herejía, no lo admitirían y se defenderían hasta la muerte si era preciso.

Ramón d'Oliver sobrevivió al proceso y extinción de la Orden del Temple. Es más, en el concilio provincial celebrado en Tarragona en 1312, el 7 de julio, los templarios aragoneses fueron declarados inocentes y libres de culpa, fueron indemnizados con pensiones vitalicias de entre 1400 y 1800 sueldos jaqueses y se les permitió volver a sus casas de encomienda que, por aquel entonces, estaban ya en manos de los hospitalarios. 

Quisiera acabar con una curiosidad. Existen varios túneles subterráneos que unirían la encomienda templaria con otras zonas de la población como uno que nos llevaría a orillas del Ebro o al Torreón de la Zuda (actual Oficina de Turismo y torre del antiguo alcázar musulmán en la ciudad). Pasadizos que nos llevan a hacer volar la imaginación e imaginar...

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