ABADIA DE KYLEMORE (Irlanda).


Estamos en un lugar que, para lo que estamos acostumbrados y buscamos, cuenta con muy poca, aunque interesante historia de unos ciento cincuenta años. Kylemore es un fantástico palacio- castillo ubicado en un magnífico paraje.





Pero comencemos por el principio. Corre la segunda mitad del siglo XIX. Mitchell Henry y su esposa Margaret están pasando unas vacaciones en Connemara. Margaret, entusiasmada por el bello lugar le dice a su marido algo así como "¡Qué bello lugar! podrías construirme una casa aquí..." A lo que Mitchell contesta "no te haré una casa, te haré un castillo". Y así fue. Entre 1861 y 1871 Mr. Henry comprará 6000 hectáreas de terreno en el lugar, lo saneará y construirá el castillo que incluirá un fabuloso jardín victoriano amurallado.
 
Pero no nos engañemos. La obra para transformar los terrenos hasta entonces salvajes fue impresionante. El jardín victoriano contaba con 21 invernaderos calentados por tuberías de agua. En 1893 Kylemore generaba su propia electricidad y llegó a tener su propia brigada de bomberos y para su construcción se llegó a reorientar una carretera pública. 




El castillo contó con todas las innovaciones de la época victoriana. El edificio tenía una sala de baile de tarima flotante, gran escalinata, biblioteca, treinta y tres dormitorios, cinco baños ... Nuestro recorrido por el interior es muy limitado y solamente a la planta baja, pero puedes hacerte perfectamente de cómo era en su apogeo. Durante unos pocos años el matrimonio Henry y sus nueve hijos vivieron, pienso que felices, en Kylemore.



 Una anécdota. A comienzos del siglo XX el rey de Inglaterra Eduardo VIII visitó el castillo y, se dice que quiso comprarlo, pero que dijo "es demasiado caro para un rey". 

Sigamos. La felicidad de la familia Henry se truncó en 1874 con la muerte de Margaret que enfermó de disentería en un viaje a Egipto. La hija pequeña también moriría poco después. Un compungido Mitchell construiría en su honor entre 1877 y 1881 una "minicatedral" neogótica y un mausoleo donde en 1910, a la muerte de Mr. Henry, se reunirían sus cenizas con los restos de su querida esposa.



La iglesia es una catedral en miniatura de elegantes proporciones. En sus vidrieras encontramos numerosos personajes y figuras femeninas.




Antes de morir Mitchell Henry morir, en 1903, vendió el castillo a sus amigos los duques de Manchester, que dicen las malas lenguas, en una partida de cartas acabando en las manos de un especulador de Londres.

En 1920 el castillo se convierte en abadía cuando una comunidad de monjas benedictinas belgas lo compran y se trasladan aquí desde su abadía en Ypres que fue bombardeada durante la primera guerra mundial. La comunidad benedictina abrió en 1923 un internado para niñas que permaneció abierto hasta 2010. Entre sus alumnas estuvo la conocida actriz y directora Anjelica Huston e incluso se rumorea que Madonna barajó la posibilidad de llevar allí su hija. Actualmente el recinto, además de la comunidad, está dedicado al turismo.

También existen tradiciones de esas que auguran un cumplimiento de deseos. Si caminas por el bosque del lago, a pocos metros de la iglesia, encontramos una gran roca con forma de triángulo. Es la Piedra de los Deseos. Dice la leyenda que tienes que colocarte de espaldas, coger una pequeña piedra y lanzarla hacia atrás y arriba. Para que se cumpla tu deseo deberás atinar en el vértice superior del triángulo. Yo no acerté.




Una última recomendación. Tiene especial atractivo pasear por sus jardines y senderos. Quizá tengáis suerte y podáis ver el caballo que según la leyenda emerge cada siete años del lago y más tarde desaparece trotando por el bosque. 


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