CASTILLO DE FOIX (Francia).


Se encuentra en la localidad de homónimo nombre, en la confluencia de los ríos Arget y Ariège sobre un promontorio rocoso de unos sesenta metros de altura. 

Exteriormente vemos tres torres, dos cuadradas y una redonda. La cubierta con tejado de pizarra es la más antigua (siglo XI-XII). Entre los siglos XII y XIII se añadió una segunda torre cuadrada y dos muros almenados que las unirían. La torre Fébus (la redonda) no se construiría hasta el siglo XVI.

Para acceder al castillo debemos ascender por un sinuoso camino hasta llegar a la puerta de entrada que está protegida por dos matacanes.



El castillo aparece documentado por primera vez en 1002 en el testamento de Roger I (conde de Carcasona) que lo legó a su hijo Bernard que se convirtió en el primer conde de Foix. Por su situación, entre Carcasona y Toulouse, el condado se convirtió en un centro estratégico.

Con la llegada de la cruzada albigense en el siglo XIII cambio la geopolítica en el Sur de la actual Francia. Los condes supieron jugar sus cartas y pese a que en un principio apoyaron a los cataros favoreciéndoles o cobijándolos supieron separarse decisivamente de la herejía en un momento dado y salvaguardar de esta forma su territorio y posesiones.

Durante la guerra de los Cien Años (1337-1453) intentaron mantener una difícil neutralidad. A finales del s. XV el conde de Foix se convierte en rey de Navarra. El último conde de Foix, Enrique III de Navarra, es coronado Enrique IV de Francia en 1594. Era el vigésimo cuarto conde. El condado es anexionado a la corona francesa en 1607. En el primer tercio del siglo XVII se convirtió en el último de los castillos de la región tras la orden de Richelieu de que todos ellos fuesen arrasados.

El condado de Foix también tuvo mucho que ver con la creación de la actual Andorra.




El castillo en la Edad Media es considerado como inexpugnable, existía una canción trovadoresca afirmaba: "El castels es tant fortz que el mezis se defiende" (El castillo es tan fuerte que se defiende). El baluarte nunca fue conquistado por las armas pese a sufrir varios asedios, entre ellos dos de Simón de Montfort en 1211 y 1212. Solamente fue conquistado una vez, en 1486, por una traición sucedida por el enfrentamiento entre dos miembros de la familia condal de los Foix.

La fortaleza se encuentra en buenas condiciones de conservación pues, como decía, nunca fue conquistada por las armas y, por otra parte, tampoco ha estado demasiado tiempo sin ocupación. En uno de los patios encontraremos una pequeña colección de armas medievales que nos servirán de introducción al mundo medieval que vamos a visitar. Quizá lo más interesante de visitar son los espacios museísticos creados en las torres. 




En la planta baja encontramos un espacio expositivo con una maqueta de la primigenia atalaya, curiosos objetos e información del condado desde sus comienzos hasta que el último conde es coronado rey de Francia. También encontramos información sobre la historia de la abadía de Saint Volusien e interesantes capiteles procedentes de la misma y sita a poco menos de medio kilómetro.

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Las salas de la torre central están cubiertas con bóvedas de crucería. En ellas encontramos una estupenda colección de armas, armaduras, escudos, piezas de artillería, etc. 



En la tercera planta hallamos lo que se considera una importante pieza del patrimonio de la región. Se trata de la cama del rey francés Enrique IV (reinó entre 1589 y 1610).



La torre más moderna, del siglo XV, es la redonda.  En su primera planta podemos observar una interesante maqueta de la construcción de la misma. La segunda planta está dedicada al XI conde de Foix y vizconde de Bearne, Gastón de Fébus (1331-1391). Podemos ver, de forma electrónica, un interesante tratado sobre la caza del que es autor. La última planta nos explica la relación de Foix y el principado de Andorra pero eso es otra historia. 



El castillo fue utilizado como prisión durante cuatro siglos, hasta 1862. En las paredes podemos encontrar rastros del paso de los reos por determinadas estancias.





También encontramos numerosas marcas de cantería.




Desde lo alto de las torres, a unos 30 metros de altura, disfrutaremos de unas excepcionales vistas de la fortificación, de la ciudad de Foix y de los Pirineos.




El castillo no está incluido en el listado de los llamados cátaros, pero personalmente creo que bien merece una tranquila visita.

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