¿TEMPLARIOS EN  PHILAE (Egipto) ?



 Philae fue  una isla situada en Egipto, en el río Nilo a unos once kilómetros de Asuán.  Albergaba un gran santuario erigido durante los periodos ptolemaico y romano a la diosa Isis. Este culto se propagó por todo el Mediterráneo hasta que fue prohibido por Justiniano I en el año 535 D.C.

     En el siglo XX, en 1979, la isla de Philae quedó sumergida bajo las aguas de la presa de Asuán y todo el complejo del templo, bajo el patrocinio de la UNESCO, fue desmontado, trasladado y reconstruido en el cercano islote de Egelika 150 metros más al norte (Bueno, todo no, todo no fue trasladado).



Según nos acercamos al templo, en el pilono, vemos unas conocidas cruces. Cruces templarias, ¿aquí? Estas cruces, evidentemente, no son de la era de construcción del templo, muestran señales de ser posteriores pues incluso se trabajaron sobre jeroglíficos anteriores. Pero tampoco son recientes pues marcan signos de erosión y hubiera sido difícil realizarlas por la protección patrimonial del conjunto. También nos encontraremos, en la sala hipóstila, un ara con otra cruz tallada en su frontal.



 Recordemos que el culto a Isis fue prohibido por Justiniano I hacia mitad del siglo VI. Recojo un texto de “The Encyclopedia of Ancient Egipt”, editada en Londres en 1999 por Kathryn A. Bard, donde se lee:

     “La resistencia de Philae fue finalmente vencida por la fuerza. En 536 d.C. Justiniano I envió a su general Narses para aplastar este último bastión del paganismo en Egipto. El templo de Isis fue clausurado, los sacerdotes expulsados y muchas estatuas trasladadas a Constantinopla como botín de guerra. Para completar el golpe de fuerza, el obispo Teodoro transformó la gran sala hipóstila (bajo columnas) del templo de Isis en una iglesia dedicada a san Esteban, el primer mártir del cristianismo, lapidado en Jerusalén. La isla fue así ocupada por una comunidad cristiana. El templo de la diosa fue dañado irreversiblemente por éstos, que desfiguraron algunas imágenes de las divinidades egipcias y pusieron cruces e inscripciones, aunque sin lograr destruir la grandeza del conjunto”


     Pero existe otra hipótesis. Junto a su ubicación original, en los propios terrenos del mismo, existía una pequeña iglesia cristiana del siglo XVI. Cómo esta iglesia era “moderna” a efectos arqueológicos, no se rescató y quedó allí sepultado por el agua. La iglesia fue consagrada a San Esteban (primer mártir del cristianismo, lapidado en Jerusalén en el año 34 d.C.) y fue construida por orden de una sociedad iniciática: los Caballeros de San Esteban. La cruz, las cruces de Philae no son templarias, son de San Esteban.


     ¿Quiénes eran estos caballeros? Para intentar contestar a esta pregunta debemos trasladarnos a Pisa, Italia. Cosme de Medici en 1564 funda la Orden de los Caballeros de San Esteban con un objetivo exotérico (la defensa de la fe católica y el combate a los piratas del mar) y otro esotérico (la búsqueda del Arca de la Alianza). Se consideraban a sí mismos herederos de la Orden de San Esteban de Hungría que a finales del siglo XII había sido la rama húngara de los Templarios. Y como emblema eligieron la cruz de las ocho beatitudes, pero más marcadas encontramos el escudo de la Orden de San Esteban. Y estos caballeros llegan a Philae y hacen levantar una iglesia. Un apunte, la isla de Elefantina se encuentra a escasa distancia. Recordemos que existe la teoría de que en esta isla habría estado custodiada el Arca antes de proseguir viaje a Lalibela. Recordemos que desde Alejandría hasta Philae hay más de 1000 kilómetros, si los templarios llegaron hasta el alto Nilo, ¿qué perseguían? Hay teorías que indican que buscaron el Arca por todo Egipto y que llegaron incluso hasta Etiopía.

  Yo creo que buscaban algo distinto, menos material. Coincido con el investigador y escritor José Luis Giménez que en uno de sus libros dice:  

     “Lo hallado en dichas excavaciones, o quizás la información que ya conocía Bernardo de Claraval, lleva a los Caballeros Templarios a viajar hasta Egipto, en concreto y sobre todo, al templo de la diosa egipcia Isis - principio femenino de la fertilidad y del conocimiento – en la isla de Philae, de donde iban a obtener los conocimientos o información que estaban buscando. Es a partir de entonces que se produce un culto a la Virgen Negra, donde se representa la imagen de la diosa Isis amamantando a su hijo Horus, como símbolo de la transformación trascendental y esotérica, el cual es transmitido a través de la leche materna de la diosa, y que, en la doctrina católica, sería reconvertido en las diferentes imágenes de las vírgenes con niño” ("El Triunfo de María Magdalena-Jaque mate a la Inquisición."

     Así pues, sugiere la posibilidad de que Bernardo de Claraval envió a algunos templarios en busca de información sobre Isis, intentando comparar esa “virgen” pagana con las vírgenes negras de Europa cuyo culto, curiosamente, se extendió y floreció durante los siglos XII y XIII.
     Las vírgenes negras son de color oscuro pues representan a la Madre Tierra y a la sabiduría ancestral. Otras diosas de las antiguas culturas como Cibeles o Deméter fueron frecuentemente representadas negras. En Efeso, en el templo de Diana, se veneraba una estatua negra de la Gran Diosa. Por otro lado estas vírgenes encontradas supuestamente en circunstancias sobrenaturales solían pedir se les construyese un templo en ese exacto lugar donde fueron encontradas. Lugares coincidentes muchas veces con los antiguos lugares de culto pagano de la  Gran Diosa Madre. Los Templarios trataban siempre de construir sus santuarios en esos enclaves ancestrales, por lo que podemos pensar que tenían un conocimiento de las virtudes que poseería estos emplazamientos.

     Pero volvamos a Philae, volvamos a Isis. La diosa egipcia Isis era el símbolo de la tierra negra  y fértil de las orillas, donde tras la bajada de los limos fecundos ennegrecen las tierras y las transforman en aptas para la siembra. Isis es el símbolo de vida que la antigua humanidad asociaba a la Gran Diosa.

     Es muy probable que bajo el misticismo de la anterior leyenda haya algo más trascendente. La estancia en Tierra Santa permitió al Temple conocer a fondo la civilización islámica. La ósmosis entre ambas religiones fue constante. Es muy posible que los caballeros entrasen en contacto con sociedades herméticas, hebreas, gnósticas o sufíes, absorbiendo parte de su bagaje cultural y místico.

     El problema que, pienso, encontraron los Templarios es que un retorno a antiguo credo de la tierra, podría traerles problemas en la férrea Iglesia Católica.  Suponía herejía. Por ello equipararan a la Diosa Madre con la Virgen, la “Reina del Cielo” como decía San Bernardo, y como aparece en el Antiguo Testamento refiriéndose a Astarte, la equivalente fenicia de Isis. San Bernardo, para ocultar la imagen de la Madre Tierra en las representaciones medievales negras de la Virgen, las comenzó a denominar Nuestra Señora asociando a su vez estas imágenes a María Magdalena del cristianismo, a la que curiosamente los evangelios del siglo I y los apócrifos reservan un papel más importante que a la madre de Jesús.

Cabe mencionar una obra pictórica en la que se ve a San Bernardo siendo amamantado por una virgen, San Bernardo y la Virgen, representando con ello esa vida que da la Naturaleza. Y también la imagen de Isis amamantando a Horus que guarda gran semejanza con la multitud de Vírgenes de la leche que tenemos donde se ve a María amamantando a Jesús (curiosamente ambos, Horus y Jesús, fueron concebidos sin contacto carnal).




     Esta apariencia se ha mantenido hasta nuestros días y su culto se halla vigente bajo distintos “Nuestra Señora” en muchos lugares de la geografía europea, como en Notre Dame de París.

     Existe otra teoría que nos dice que las vírgenes negras fueron utilizadas por el Temple para difundir el culto a la Magdalena, que para ellos sería la madre del linaje de Jesús. Curiosamente, en los lugares donde se encuentra una virgen negra aparece un avocación a María Magdalena, a los hermanos de Jesús o a santos que difícilmente encajarían en la vida real.

     Por otro lado y volviendo a Egipto, resulta curioso que el padre espiritual de los Templarios dio vida a este culto por sentirse “un auténtico caballero de María”. Proclamó la Segunda Cruzada desde la Abadía de Vézelay, actualmente Basílica de Santa María Magdalena, y en el tímpano de su portada vemos una escena del Juicio Final (imagen 6) claramente inspirado en el país del Nilo. A la izquierda de Cristo, que preside la escena, vemos un ángel pesa en una balanza dos hombres con un demonio al lado. Más a la izquierda una fila de condenados aguarda que una criatura de grandes fauces los devore. ¿No os recuerda el pesaje de las almas del Libro de los Muertos?.




Para mi no cabe ninguna duda sobre la presencia del Temple en Egipto, nuestros Hermanos Mayores nos dejaron alguna pista que hemos intentado descifrar pero estoy seguro que hay muchas más, seguramente grabadas en piedra,  que no hemos encontrado o no hemos sabido interpretar.


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