CEMENTERIO DE GREYFRIARS (Edimburgo).


Sí, hoy visitaremos un cementerio. Os quiero confesar algo, me gusta visitar los camposantos, nos dicen mucho del lugar en el que nos encontramos, pero si además son como el que hoy nos ocupa, con leyendas, historia y fenómenos extraños, mucho mejor. 

Este cementerio se encuentra en pleno centro de Edimburgo, a unos cinco minutos caminando desde la Royal Mile, la importante calle que une Holyrood con el castillo edimburgués. Una curiosidad, la Royal Mile mide 1814'2 metros que equivale a una rara medida de longitud: la milla escocesa. 


 
 
 Antes de acceder al lugar cumplí la tradición de tocar el hocico de la escultura de Bobby. El tal Bobby era un perro de raza Skye Terrier cuyo dueño era John Gray un vigilante nocturno o policía de Edimburgo siendo inseparables durante dos años. En 1858 falleció John de tuberculosis. La tradición y leyenda cuenta que el fiel perro pasó el resto de su vida, 14 años, junto a la tumba de su amo. Existe una supuesta tumba de Bobby dentro del cementerio, luego la veremos.

 Es una historia bonita, romántica. Un guía local me comentó que casi todo es falso. La otra historia cuenta que Bobby era un perro vagabundo que dio compañía al conservador del cementerio que lo alimentaba. Elaboró la "historia" de la lealtad y está fue publicada en un artículo en prensa. Esta divulgación propició que las visitas aumentasen y con ello la actividad lucrativa. Se cree que el perro murió a la edad habitual para la raza (10-12 años) e, incluso, que fue sustituido por un nuevo ejemplar. Sinceramente, prefiero la leyenda.

En 1972 se realizó una estatua de Bobby a tamaño real colocándose a escasos metros de la entrada principal y enfrente de una cafetería de homónimo nombre.





A los pocos metros de atravesar la verja de entrada del cementerio encontramos una lápida de granito rojo sobre la "tumba" de Bobby (realmente fue enterrado junto a una tapia, en el exterior del recinto pues las autoridades no permitieron hacerlo en el interior al ser terreno sagrado). Es habitual encontrar palos al pie de la lápida que es usada como santuario.

No muy lejos se encuentra la sepultura de John Gray, el supuesto dueño de animal.
   


 
Justo detrás está la capilla de Greyfriars Kirk que fue escenario de la persecución de Carlos II contra los Covenanters Presbiterianos, pues solían reunirse allí y fue donde firmaron El Pacto Nacional de Alianza. Actualmente la iglesia se encuentra activa y es una de las pocas de Escocia donde aún se sigue oficiando con regularidad en Gàidhlig (gaélico escocés).





Greyfriars también fue escenario de una práctica realizada a principios del siglo XIX, el robo de cadáveres. Estos cuerpos robados eran destinados a la Edinburgh Medical Schools para ser diseccionados pues, en principio, los cuerpos destinados a tal fin solo eran los condenados a muerte y estos no cubrían la creciente demanda existente. Además, tal práctica era considerada un delito menor, de hecho, los ladrones tenían buen cuidado en no robar las joyas pues ello era considerado delito mayor.

Para evitar tales robos las tumbas se protegían con muros internos y rejas de metal. Podemos ver varios ejemplos de tales medidas. Por otro lado, muchas lápidas y tumbas tienen esculpidas una calavera cruzada por dos huesos. Al ser Edimburgo una ciudad muy azotada por la peste, este símbolo era una advertencia para avisar que ese cadáver había fallecido a causa de esa enfermedad. Sin embargo, muchas veces, este símbolo se esculpía también en las lápidas de fallecidos por otros motivos en un intento de engañar a los saqueadores de cuerpos.




En el cementerio de Greyfriars hace muchísimo tiempo que no se producen nuevos enterramientos y está abierto las 24 horas del día y en cualquier momento tiene su atractivo. En Escocia los cementerios son parques y lugares de paseo y no es extraño encontrarse gente, escapando del bullicio de la ciudad, leyendo o comiendo un sándwich. 

Entre los personajes enterrados se encuentran, entre otros muchos James Douglas, regente de Escocia, o el historiador del siglo XVI, George Buchanan (imagen inferior).

También podemos encontrar una parte de la Flodden Wall o Muralla de Flodden. Esta muralla se construyó a mediados del siglo XVI, tras la masacre escocesa durante la batalla de Flodden. Se trataba de una segunda muralla que se limitaba al casco antiguo de Edimburgo.



Sin embargo, el personaje relacionado con Greyfriars más conocido, y de forma siniestra, es George Mackenzie. Era un abogado enviado por Carlos II para perseguir y acabar con aquellos pactantes presbiterianos, los covenanters. Mackenzie se tomó el encargo como "algo personal". Primeramente, utilizó  Greyfriars Kirk como cárcel. El edificio se le debió quedar pequeño así que usó una parte del cementerio situada al suroeste. Allí fueron encerrados más de mil doscientos covenanters. Muchos de ellos fueron ejecutados pero la mayoría fueron torturados y fueron muriendo de hambre, enfermedades y golpes. Hay autores que lo consideran el primer campo de concentración de Europa. Todo ello logró que el abogado fuese conocido como Bloody Mackenzie. El personaje murió en 1691 y está enterrado, por propio deseo, en un panteón que se encuentra a pocos metros de aquel siniestro espacio.





Tanto el panteón como la prisión de los covenanters se encuentran cerrados con candado y la prisión protegida por una verja. Os contaré el porqué: ambos lugares se consideran entre los que más fenómenos paranormales se producen del Reino Unido (curiosamente la universidad de Edimburgo cuenta con una cátedra en Parapsicología). Ambos lugares se han catalogado como el poltergeist mejor documentado de Gran Bretaña.
Respecto al panteón, cuenta la leyenda que en 1998 un vagabundo entró en el panteón de Mackenzie para pasar la noche, para no dormir a la intemperie. El suelo se rompió y el vagabundo cayó a la tumba de Mackenzie y no podía salir. Cuando fueron a sacarlo de allí el vagabundo afirmaba que no podía subir por que algo o alguien lo estaba sujetando. Se dice que una vez fuera su cuerpo tenía marcas de arañazos y mordiscos.


En cuanto la prisión de los covenanters, en donde fueron encerrados 1200 personas en 1679, se han producido distintos fenómenos. Es una reducida área con distintas parcelas de piedra que hacían las funciones de celdas y donde, los presos, víctimas de las enfermedades, el frío y el hambre, morían en espera de ser juzgados.

En este lugar se han producido agresiones paranormales, notado presencias y sentido sensaciones extrañas de tal forma que el Ayuntamiento de Edimburgo cerró el lugar bajo llave  y si deseabas visitarlo debías solicitarlo y firmar un documento exculpando al ayuntamiento de cualquier desgracia o suceso extraño que pudiera ocurrirte  en su interior. Actualmente se puede visitar a través de una empresa que realiza rutas turísticas.



Personalmente mi visita fue desconcertante. Partimos de la premisa que soy "un canto rodado", de que no suelo tener sensaciones "extrañas". Sin embargo, el lugar me produjo una percepción rara, un impulso que me exhortaba a salir del lugar. Nos acompañaron en la visita dos guías locales. El primero nos animaba a hacer la visita lo más corta posible pues, según nos confesó, había tenido malas experiencias e incluso sufrido un desmayo en una ocasión. La segunda disfrutó plenamente de la visita, descubriendo ese "juguete" nuevo para los buscadores de fenómenos anómalos, la spirit box: La guía formulaba las preguntas, en inglés, y recibía respuestas en el mismo idioma pero, según ella, con un reconocible acento escoces. Por cierto, todas esas respuestas nos animaban y ordenaban abandonar el lugar.







Acabaré con otro fenómeno relacionado con Greyfriars mucho más reciente. Harry Potter. Su creadora, J. K. Rowling, escribió parte de la saga en Edimburgo y buscó inspiración en Greyfriars. Por ejemplo, la lápida de Thomas Riddell Esquire, muerto en 1806, es considerada como la tumba que sirvió de inspiración para el nombre de Tom Marvolo Riddell, el nombre real de Lord Voldemort. También podemos encontrar la  tumba del poeta escocés William McGonagall, considerado especialmente malo en tal actividad, que comparte apellido con la Profesora Minerva McGonagall. Esta losa se encuentra en la parte trasera del colegio George Heriot y es este colegio el que pudo servir de sugerencia a Rowling para la Escuela de hechicería y magia de Hogwarts. Se trata de un excelente edificio de renacimiento escocés (1628) lleno de torres. Como curiosidad, este colegio divide a sus alumnos en cuatro Casas que compiten entre si a lo largo del año: Lauriston, Greyfriars, Raeburn y Castle. Los alumnos van uniformados y en sus bufandas y corbatas llevan los colores de sus respectivas Casas. ¿No recordáis un lugar en el que ocurre algo semejante?




Cementerio de Greyfriars, un lugar lleno de historia, leyenda y misterio. Pero también, un remanso de paz y tranquilidad en la bulliciosa Edimburgo. Merece la pena.

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