MONASTERIO DE LAS RESURRECCIÓN (Zaragoza).


En este ocasión no saldremos de Zaragoza. Nuestro destino es un gran desconocido hasta para los propios zaragozanos, se trata del Monasterio de la Resurrección de las Canonesas regulares del Santo Sepulcro. La Orden del Santo Sepulcro fue fundada en Jerusalén en 1098, de canónigos regulares. El primer monasterio femenino fue fundado en 1227 siguiendo la regla de San Agustín. 

El monasterio del Santo Sepulcro de Zaragoza es muy especial, es el único de esta orden en España y el único monasterio que se conserva íntegro y completo en estilo mudéjar en Aragón. Fue fundado en 1304 por la Marquesa Gil de Rada que descendía de una destacada familia de la corte de Jaime I. Entre sus promotores y mecenas se encuentran también fray Martín de Alpartir (canónigo del Santo Sepulcro de Calatayud) y el arzobispo de Zaragoza Lope Fernández de Luna. En convento zaragozano tuvo un carácter noble e incluso hubo un momento en el que se las trataba de Dueñas.

El cenobio sigue teniendo comunidad actualmente, es más, la ha tenido ininterrumpidamente desde su fundación, hace más de siete siglos. Es un monasterio vivo, en uso. Ello le ha llevado a tener un poso artístico e histórico de muchos siglos, se conservan los cuadros, los libros, el archivo ( ¡quién pudiera perderse en toda esa documentación! ), y toda una serie de objetos etnográficos que, sumado todo ese patrimonio, le da a la casa un valor muy importante. 


 

Desde  principio ha sido una comunidad abierta, que busca la participación de los vecinos, de los fieles del barrio, de la ciudad en la que se encuentra. Estamos acostumbrados a ver que los monasterios se encuentran fuera de las villas medievales buscando el recogimiento y el aislamiento. En este caso, persiguiendo esa participación, es todo lo contrario, está ubicado en el centro de la población.

 A nivel religioso, desde su fundación canónica en 1306, está comunidad ha sido "especial". Desde un principio quedó exenta de la jurisdicción episcopal y estaba sujeta al control del prior del Santo Sepulcro de Calatayud. Esta exención fue ratificada por el papa Eugenio IV en 1434.

El Concilio de Trento de 1563 trajo consigo la imposición de la clausura a los monasterios femeninos. Las canonesas se opusieron judicialmente alegando, según Isidoro Miguel García:

  • La inmemorial inobservancia de la clausura que era interpretada por los juristas zaragozanos como exención de la normativa pontificia.
  • El monasterio era considerado el tradicional baluarte de la nobleza zaragozana, que tenía allí recogidas a sus hijas y hermanas.

El proceso llevó a la excomunión de toda la comunidad. En 1573 el papa Gregorio XIII autorizaba la imposición de la clausura. Está situación se prolongó hasta el Concilio Vaticano II en 1965.

Exteriormente el monasterio es un amplio con añadidos y reformas posteriores. Se encuentra en pleno centro de la ciudad y, como curiosidad, un lado del mismo utiliza los restos de dos torres y un lienzo de la muralla cesaraugustana del siglo III.



Un monasterio con tal longeva trayectoria hace que veamos distintos estilos arquitectónicos como el mozárabe, gótico, renacimiento... El estilo predominante es el mudéjar (musulmanes que conservan su religión en un reino cristiano, bajo un rey cristiano). Eran excelentes artesanos y los elementos empleados, muy comunes valle del Ebro, eran la madera, el ladrillo (plano y macizo) y el yeso. Todo lo realizan usando estos tres elementos. En el exterior realizan figuras y dibujos con el ladrillo y en el interior todo están enlucidos con yeso y después pintado. Pasaremos por distintos espacios, veámoslos.

Iglesia del Santo Sepulcro. Accedemos a la cabecera de la misma desde el zaguán, a la izquierda. Puede tratarse de la primitiva capilla del monasterio aunque ha tenido reformas y transformaciones. Posiblemente es también la capilla citada en el testamento de doña Marquesa en la que dispone ser enterrada (no hay constancia del lugar pero en el testamento de su hijo hay especificados 4000 sueldos jaqueses para realizar un grupo escultórico sobre la sepultura, que no llegó a realizarse).



El claustro es el eje del monasterio. La restauración realizada a mediados del siglo pasado intentó devolverle el aspecto original suprimiendo los añadidos posteriores. Existe documentación indicando la fecha de terminación del mismo: 1393. Tiene planta rectangular, el material empleado es el ladrillo macizo, el típico material de la arquitectura mudéjar aragonesa. Tiene tres alturas. La parte superior albergaban las celdas de las religiosas. La segunda planta, "claustro alto", tiene ventanas de arco apuntado. Y la planta baja, "claustro bajo", tiene grandes arcos apuntados abiertos al patio y sólidos contrafuertes. 




En cada una de las esquinas del claustro podemos encontrar interesantes hallazgos. Por ejemplo, en la esquina noreste hay una pequeña capilla cubierta con bóveda de crucería estrellada que aloja una pila bautismal románica. En el ángulo noroeste vemos un llamativo balcón de volada base con una rica decoración geométrica y floral. Es el locutorio en el periodo en el que el convento fue de clausura. Aquí hay también una puerta de acceso a la portería y otra puerta que comunica con el claustro alto.



El claustro está decorado por emblemas de la Orden  y emblemas heráldicos de benefactores como el arzobispo Lope Fernández de Luna y del rey Pedro IV de Aragón. En la bóveda que muestro a la izquierda observamos también los símbolos de los Evangelistas. Esta bóveda seguramente fue realizada a finales del siglo XIV pero a manos cristianas por su decoración con figuras. Justo al lado vemos una típica mozárabe con decoración muy diferente puesto que los musulmanes no pueden representar esas figuras. En este caso, sobre el yeso hay pintados ladrillos en filas separados por cenefas, ocasionalmente aparecen algún dragoncillo o un pequeño texto. Veremos esta decoración también en la sala capitular. Es curioso que pinten algo muy semejante a lo previamente cubierto con yeso. 




En la panda sur, en el ángulo sureste, hallamos una escultura de un Cristo en la cruz, seguramente renacentista. En este ángulo vemos restos en forma de ménsulas de un posible lavatorio, un hecho habitual en monasterios masculinos pero no así en femeninos. Ello quizá es debido a la propia originalidad de ser un cenobio de "Dueñas", que podía recibir visitas, tenía escolanías (había hijas o sobrinas a las que se les daba una educación hasta que se casaban o profesaban los votos) … Era un lugar con un importante trasiego de gentes.



En este lado sur se encuentra el antiguo refectorio, mudéjar de siglo XIV. Es una amplia sala rectangular y elevada altura. Tiene tres tramos cubiertos con bóvedas de crucería. De las tres claves, dos están decoradas con la cruz patriarcal de la Orden del Santo Sepulcro y, la tercera con las armas del arzobispo de Zaragoza don  Lope Fernández de Luna. En cuanto a su construcción, esta documentada su inicio en 1381 y que se realizó sobre una gran bodega con bóveda de medio cañón. En el lado suroeste encontramos, metidas en el muro, las escaleras de acceso a un antiguo púlpito.

Comentaré unos pequeños detalles prácticos sobre el uso del refectorio. La priora marcaría los tiempos a toque de campanilla. Las canonesas entraban al refectorio por parejas y se irían sentando, en primer lugar la priora y, luego, lo harían por orden de antigüedad en la comunidad. Si alguna llegaba tarde, debía arrodillarse o tumbarse boca abajo hasta la priora le indicaba con la campana que podía sentarse. Las más jóvenes servían a las demás. Durante la comida se escucha lecturas, normalmente de san Agustín, que iban a cargo de una canonesa. Podían beber vino, lo consideraban más "alimento" que simple bebida.

En 1560 se llevó a cabo una reforma en el refectorio. Se hizo una moldura de yeso con una inscripción alegórica al uso de este espacio. También, debido a la gran humedad de esta dependencia, y hasta la altura de la moldura, se realizó un arrimadero de cerámica de Muel. La mayor parte de este arrimadero fue sustituido en el siglo XIX por un revestimiento de madera del que todavía podemos  ver gran parte.




Este refectorio tiene también algo de aspecto museístico pues en este espacio recoge interesantes facsímiles y objetos del monasterio. 



A propósito de esto último, el monasterio ofrece una visita guiada llamada hasta la cocina, en ella se puede admirar la original cocina monacal perfectamente equipada y con multitud de objetos de los que apenas sé el nombre o funcionalidad (por ejemplo, nos explicaron el método que tenían para conservar los huevos frescos). En este recorrido se visitan lugares pocos conocidos del cenobio. El Monasterio de la Resurrección tiene un segundo refectorio construido en el siglo XVI. Se trata de una amplia sala renacentista, situada en el primer piso, dotada de una gran chimenea.

Y, por último, en la esquina suroeste, se encuentra la mudéjar Sala Capitular. Construida en el siglo XIV, su planta es cuadrada. El acceso desde el claustro se realiza a través de una puerta de arco apuntado con restos de pinturas. A ambos lados se abren dos grandes ventanales con bellos trazos de alabastro.




Se cubre con bóveda de crucería sencilla cuyos nervios descansan en cuatro columnas con cuatro capiteles mudéjares. Lo más interesante es la decoración pintada que ocupa muros y bóveda recientemente restaurados. La pintura imita el despiece del ladrillo, en hileras, con ladrillos intercalados de diferente color. A la altura de los capiteles hay una cornisa que recorre toda la sala. Por debajo de esta moldura la decoración consiste en esgrafiados, la mayoría perdidos, de rombos. En el muro de entrada, a la izquierda, vemos alguna inscripción con  letras góticas junto a un látigo de tres colas. 

En el muro este vemos una cruz patriarcal, en rojo, del Santo Sepulcro dentro de un escudo con la fecha de 1703.




Debajo de esta cruz está la cripta (no visitable) en la que encontramos un Cristo yacente. Una parte muy interesante de la sala la azulejería que cubre el suelo y la cripta. Son piezas procedentes de Manises del siglo XIV. 




En el muro existen restos de donde estaba la sillería utilizada por la comunidad para realizar sus capítulos. Existen dos laudas sepulcrales. La primera, a la izquierda, es la del ya nombrado, fray Martín de Alpartir. La otra, a la derecha, es la de doña Aldonza de Reus que fue priora del monasterio de 1595 a 1602.






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