SANTA MARÍA DE LA PISCINA (San Vicente de Sonsierra. La Rioja).

SANTA MARÍA DE LA PISCINA (San Vicente de Sonsierra. La Rioja).


    Aislada en una pequeña colina, rodeada de viñedos, encontramos nuestro destino de hoy, Santa María de la Piscina (imagen 1). Se trata de una iglesia románica consagrada en 1137 por el obispo de Calahorra Sancho de Funes (por lo que a esa fecha al menos la cabecera ya estaba terminada). Se encuentra en buen estado de conservación tras su restauración y no tiene añadidos posteriores salvo un escudo colocado en la portada sur hacia 1530 (imagen 2).

     La construcción de este templo está bien documentada porque se sabe que el infante don Ramiro Sánchez participó a las ordenes de Godofredo de Bouillón en la primera Cruzada formando parte activa de la conquista de Jerusalén atacando con sus huestes por el lado de la Piscina Probática. En este especial lugar halló un lignum crucis y una talla de la Virgen. A su regreso, dispuso en su testamento la creación de la Divisa y Casa Real de La Piscina y la construcción de un templo consagrado a la Virgen María, lugares en los que estamos.

La Divisa y Casa Real de la Piscina sería semejante a una orden de caballería pero con un ingreso muy especial. En el testamento dejo muy claro quienes podían pertenecer a esa hermandad:

"Nadie entrará en mi divisa que proceda de moros, ni de   tampoco se admitirá a los hijos espúreos, bordes ni villanos. Sólo se admitirá a los de nuestro linaje y nombre, especialmente si descienden de por linea directa tuya, hijo mío García, si Dios quiere hacerte rey; debendo ser hidalgos todos los caballeros de la Divisa, porque así como está la heredé de mis padres, de la misma forma, hijos míos, os la entrego a vosotros y vuestros sucesores en señal de honor y dependencia..."

El testamento fue leído en 1110 empezándose rápidamente la construcción. El templo debería ser una reproducción de la Piscina Bethesda de Jerusalén. Recordemos que el estanque de Bethesda tenía cinco lados con cinco pórticos y escenario de los milagros de Jesús. Parece ser que D. Ramiro durante su estancia en la piscina encontró la reliquia. 


    La construcción está realizada en piedra de sillería y consta de una sola nave (con bóveda de cañón) dividida en cuatro tramos por tres arcos fajones, presbítero rectangular cubierto de igual forma y ábside semicircular con bóveda de horno (imagen 3). En el hastial oeste tenemos una torre cuadrada. Adosada al muro norte, una cámara rectangular (imagen 4). Es el único resto que nos queda de la Divisa. Es una sencilla estancia sin adornos ni interiores ni exteriores, cuenta con tres entradas y un par de estrechas ventanas saeteras. Estos dos elementos fueron realizados posiblemente en el siglo XIII.


     

 

La portada de acceso a la nave es muy sencilla (imagen 5). Consta de tres arquivoltas de medio punto, abocinadas, que se apoyan en jambas sin columnas. En la decoración se combinan semiesferas y capullos de flores. En la parte exterior vemos un guardapolvos y bajo las arquivoltas un tímpano liso que en origen bien pudiera estar pintado. Existe un imposta con ajedrezado jaqués.

Encima de la puerta observamos el grandioso escudo de la Casa Divisa. Se trata de una copia del original realizada durante la restauración del lugar, en 1975, pues original se encontraba muy deteriorado. En el blasón vemos una serie de elementos perfectamente estructurados y colocados en los cuarteles que marcan los eslabones de las cadenas de Navarra. Vemos cuatro conchas (veneras de peregrino), cuatro cruces pateadas, cuatro aspas de san Andrés, un león rampante (símbolo solar) rodeado de 9 flores de lis... De todo el conjunto  Juan García Atienza nos da una explicación que me gustaría compartir con vosotros:

"Aquí números y signos se acumulan dando cuenta de una guematría en la que el 4, el número de los elementos tradicionales - daleth - se une el 9 - la imagen de los Tres Mundos  y la razón de ser de todas las cosas -, unidos a todos los signos de la  ígnea de la cruz de san Andrés, al conocimiento cósmico de la cruz pateada y el león-sol reptando al Árbol de la Vida, es decir, germinando, fecundando la tierra o piedra sobre la cual fue edificada la ermita de la Piscina"

En la parte inferior, una leyenda de 1174:

"Dominus Petrus a abbas Berilla ex commisione Remire Regis Navarrae era millessima centesima septuagesima ovarta"

Posiblemente hace referencia a la persona a la que el infante Ramiro encargó expresamente en el testamento el cumplimiento de las disposiciones y la elección del lugar donde hacerlas, el abad Pedro Virila de Cardeña (debemos saber que el infante se recurrió en un monasterio a su vuelta de Tierra Santa).

 

Traspasamos el umbral y pasamos al interior que nos sorprende por su sobriedad, pureza y una escasa iluminación que invitan al recogimiento. Se divide e tres desiguales tramos separados por arcos fajones que se apoyan en seis capiteles de diferente tipo. Me gustó especialmente uno en el que se ven unas figuras humanas encadenadas, quizá cautivos de la primera cruzada (imagen 9). Dos impostas recorren toda la nave, una por encima de los capiteles y otra a media altura. En el ábside y presbiterio quedan escasos restos de pintura románica que podrían datarse a comienzos del siglo XIII, época de terminación del templo. Algunos autores aventuran que podrían plasmar la hazaña de la conquista de Jerusalén y el hallazgo de la reliquia.




Salimos al exterior. Vamos a repasar la escultura monumental del mismo. Las ventanas están decoradas con ajedrezado jaqués, bolas y flores inscritas en círculos. Los capiteles tienen motivos vegetales.




Observando un poco toparemos con interesantes canecillos. Bajo el tejaroz del ábside, que aún conserva algunos trazos de ajedrezado, encontramos cuatro canecillos originales. Me parecen muy interesantes uno de contenido sexual con una pareja abrazándose (imagen 12) y otro con un felino con el rabo sobre el lomo y la cabeza vuelta hacia arriba. Ambas figuras son alusivas al pecado. 





Por otro lado en el muro sur se conservan dos canecillos, uno con una figura humana con los brazos apoyados en la cintura (se encuentra descabezada, posiblemente sea una bailarina) (imagen 14) y otro con un perro atado a un palo. Entre algunos canecillos podemos ver metopas con flores de ocho pétalos circunscritas en círculos (imagen 15)





Pero el enclave tiene mas cosas que ver, mas cosas que encontrar. Al este de la iglesia, sobre la suave ladera de la colina, encontramos una necrópolis. Se han encontrado 49 tumbas antropomorfas y restos óseos correspondientes al siglo X, restos de lajas del XII y fragmentos de sarcófagos exentos realizados alrededor de los siglos XII y XIII. Las sepulturas más antiguas son anteriores a la fundación de la iglesia lo que evidencia la existencia de un núcleo de población.  Estas sepulturas medievales tienen el hueco de la cabeza al oeste pues los fallecidos quedaban a la espera de del momento del retorno de Jesucristo en el Juicio final y la Resurrección que se produciría por el este estando con lo que estaban ya dispuestos para ese momento.





A unos 70 metros de la fachada sur de la iglesia, en una pequeña elevación del terreno, topamos con unos restos arqueológicos que parecen confirmar la existencia de un poblado. Está formado por paredes de piedra caliza que se complementarían con muros de mampostería. Podemos ver los mechinales en la piedra (imagen 16). Los muros descubiertos al pie de estas paredes pueden datarse entre los siglos XI al XIII.

Asimismo a ambos del valle que se extiende al este de la iglesia no es difícil encontrar restos de atalayas de vigilancia para prevenir posibles incursiones, nos encontramos en tierra de reconquista.

Y ya, para acabar, un pequeño paseo. A unos 500 metros podemos ver un pequeño dolmen (imagen 17).
Es el dolmen de la Cascaja. Fue descubierto en 1953 y dataría del Neolítico. Contenía restos de  31 sujetos, restos óseos de animales, y diverso material como laminas de pedernal, fragmentos de dos vasijas y una punta de flecha de bronce. Según Atienza:  "La Cascaja sería el primero de una serie de al menos siete, que se levantan a los pies de la sierra, marcando un camino sagrado protohistórico perfectamente delimitado... los siete dolmenes forman un auténtico camino sagrado, paralelo al río (Ebro) y a la sierra (Cantabria)"




El Conjunto Arqueológico de Santa María de la Piscina es un lugar muy especial. Cuando Pedro Virila de Cardeña eligió el lugar lo hizo bien, eligió un espacio tradicionalmente sagrado pero a la vez no contaminado aún por asentamientos cristianos. Y eligió un enclave con profundas raíces.

 

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