TORTOSA TEMPLARIA. CASTILLO DE LA SUDA (Tarragona).
En diciembre de 1148 Ramón Berenguer IV ocupó Tortosa y su amplio territorio. En lo alto de un montículo y sobre una acrópolis romana se encontraba el Castillo de la Suda (o Zuda), la fortaleza árabe que fue construida en el siglo X bajo el califato de Abderramán III. La alcazaba estaba rodeada por una sólida muralla de estilo andalusí. De esta época islámica nos queda el trazado y base de las murallas y un cementerio (el único musulmán al aire libre de Cataluña). Está muy cerca de la actual puerta de entrada.
La fortaleza domina la ciudad bajomedieval y la antigua judería, el barrio de Remolins. Todavía se conserva parte del trazado laberíntico de esta judería y también ha quedado su rastro en el nombre de algunas de sus calles: calle de la Sang, Carnicería de los Judíos o la plaza Ben Saruq.
La ciudad fue conquistada por el conde Ramón Berenguer IV al mando de un variado contingente formado por tropas propias (también contaban con un grupo anglo-normando y de Pisa) y de la casa de los Montcada, 263 galeras (muchas de ellas genovesas) y caballeros de la Orden del Temple. La distribución de los territorios conquistados fue polémica y con el tiempo daría lugar a profundas desavenencias principalmente entre los Montcada y los templarios. En un principio los templarios recibieron el quinto pactado. Más tarde, en 1182, Alfonso II de Aragón les daría la parte correspondiente a la Corona (esta donación sería ratificada por Pedro II en 1202) y poco más tarde comprarían la parte de Génova. Con todo ello obtuvieron el control casi total de la plaza y del territorio.
El castillo tuvo diversas funciones: cárcel pública, sede del tribunal de justicia y ser la residencia predilecta del rey Jaime I, el Conquistador. Desde este enclave también se planificaron, por ejemplo, las conquistas de Burriana y Peñíscola en 1233.
El castillo se encuentra en un periodo de restauración, en especial las murallas y el patio de armas. Cuando estas obras estén concluidas será magnífico recorrer todos esos adarves y defensas.
Siendo esta una de las muchas, junto con reestructuraciones, que ha tenido a lo largo del tiempo siendo quizá la más importante cuando se convirtió en establecimiento hotelero, (Parador de Turismo) en 1976, cuando la torre del homenaje y las dependencias contiguas fueron totalmente restauradas.
Hoy por hoy el parador muestra numerosos detalles que recuerdan su pasado. Por ejemplo, si observamos todavía podemos ver en el comedor las puertas al exterior en altura. Por cierto, es muy recomendable subir los varios pisos de la torre del homenaje (erigida sobre roca) y llegar a la almenada terraza para contemplar la ciudad, el río Ebro y su Delta.
En el exterior me gustaron dos elementos: un desgastado crismón y una serie de ventanas trifoliadas (de tres lóbulos), muestra de la transición arquitectónica en el territorio.
También en el exterior en un interesante gran pozo excavado en el patio de armas que llega hasta el nivel del Ebro (cuarenta y tres metros de profundidad) y abastecía de agua al castillo. Su construcción es musulmana. Pero no es solo el pozo, bajo tierra existen numerosas galerías que contenían mazmorras, hornos...
En un principio los templarios se instalaron en el castillo donde llegaron a construir una iglesia y un pequeño claustro. Sin embargo, la convivencia no fue fácil (recordemos que además de soldados eran frailes) y optaron por instalarse fuera de la muralla en el actual barrio de santa Clara. Podemos ver, desde cualquier elevación urbana, restos del templo de san Miguel que perteneció a la Orden en forma de sus arcadas apuntadas, lo único que ha sobrevivido al devenir del tiempo.
A comienzos del siglo XIII llegaron, procedentes de Barcelona, una comunidad de monjas clarisas que pidieron a los templarios le cediesen el emplazamiento para la construcción en este lugar de un convento de clausura. Los monjes accedieron con la condición de se les diese un nuevo sitio en la ciudad donde instalarse. Y así fue, el cenobio todavía existe y da nombre al barrio. Es interesante acercarse a la portada de este monasterio y ver una serie de escudos medievales. Muy cerca se encuentra parte de una muralla elevada en el siglo XIV.
Por derecho de conquista al Temple le había tocado la parte Norte del río controlando todas las tasas de navegación mediante un puente de barcazas existente. La Orden se trasladará a esa zona construyendo su iglesia de santa María, un puerto fluvial y unos astilleros.
La encomienda en un principio tenía un carácter urbano dedicándose principalmente a administrar sus posesiones y el cobro de las correspondientes tasas en la ciudad.
Lamentablemente de esta encomienda urbana (formada por una construcción defensiva que tenía adosada la iglesia advocada a santa María) no nos queda nada hoy, pues fue desapareciendo con la expansión de la ciudad. Pero, sí que existe un plano de Tortosa de 1708 en el que vemos la ubicación de esta Casa del Temple. Os lo muestro:
En 1153 se conquista el ribat de los almorávides en Miravet, último reducto musulmán en todo el río Ebro. El Castillo de Miravet pertenece a la encomienda de Tortosa hasta 1165. Se tendrá una macro encomienda con una encomienda urbana (Tortosa) y otra rural (Miravet) que gestiona un vasto territorio. Su importancia y poder se incrementó con mucha rapidez y en su época de mayor esplendor (1220-1250) el lugar acogía a más de veinte frailes.
La influencia religiosa en la ciudad de la Orden del Temple también se plasmó en la construcción de la catedral románica de la ciudad que fue erigida sobre la antigua mezquita musulmana. En el Museo Diocesana se encuentra una lápida conmemorativa con dos fechas: la de inicio, 1158, y la de la consagración, 1178. Posteriormente se construiría sobre ella la catedral gótica que hoy vemos y que, por cierto, está inacabada.
Como decía, en la actualidad, los restos físicos templarios en Tortosa son escasos. Sin embargo, próximas y cerca del río , hay varias torres que aún subsisten como la Torre de Campredó o la Torre del Prior situadas en puntos estratégicos. Por ejemplo, La Torre de Campredó vigilaba el estuario de entrada a Tortosa y ofrecía seguridad y defensa a los habitantes de los prados de Campredó. Se dice que se encontraba unida a la Torre de la Carrova por un sistema de cadenas que impedía la navegación fluvial.
De forma parecida la Torre del Prior se encontraba ubicada en un lugar clave de una explotación agrícola templaria, a la entrada del Barranco del huerto del Fraile.
En 1294 se produce un importante hito, los templarios y Jaime II permutan Tortosa por Peníscola. A este hecho se unen la adquisición de Xivert y la ansiada compra, tan largamente pretendida, de Culla. Todas estas operaciones configuraran un gran territorio templario en el maestrazgo turolense y valenciano. Es una maniobra digna de un profundo estudio.
Tras la caída de la Orden del Temple, en 1317 sus bienes pasaron a los hospitalarios. En el siglo XIV, se ampliaron las murallas de la ciudad, el convento e iglesia de santa María quedaron en su interior. La iglesia fue incendiada en 1643 y en 1810 quedó destruida, consecuencia de la Guerra de la Independencia y nunca más volvió a levantarse.
✠ ✠ ✠ nnDnn ✠ ✠ ✠



.jpg)

-001.jpg)


-001.jpg)
















Comentarios