REAL MONASTERIO DE SANTA MARÍA DE SIJENA (Huesca).
Hoy me encuentro en la comarca aragonesa de Los Monegros. Me dispongo a visitar y mostraros un emblemático enclave que fue lugar de acogida de reinas y princesas aragonesas e hijas de la alta nobleza, depósito de parte del tesoro real, importante archivo del reino y, también, panteón real. Recorreremos el Real Monasterio de Santa María, en Sijena (Huesca). Debido a los grandes donativos que recibió llegó a convertirse en uno de los más bellos y ricos de Aragón.
El monasterio fue fundado por la reina Sancha de Castilla, esposa de Alfonso II de Aragón. En un primer momento sería un monasterio dúplice, mixto. El cenobio, como perteneciente a la Orden de S. Juan de Jerusalén, se basaba en la regla de S. Agustín, aunque con importantes particularidades para el monasterio (su regla sirvió de modelo para el resto de los monasterios femeninos de la Orden del Hospital). Regulaba minuciosamente la vida monacal yendo desde a la organización de los dormitorios a la vestimenta o el corte de pelo. Las aspirantes debían aportar una cuantiosa dote y demostrar limpieza de sangre por ambas vías.
El lugar fue construido en una encrucijada de caminos que seguían las vías fluviales cercanas y equidistante de las ciudades de Zaragoza, Huesca, Barbastro y Lérida.
En el monasterio existía una jerarquía:
- Cruces enteras (sorores o dueñas). Pertenecían a la alta nobleza aragonesa. Portaban una cruz de Malta de ocho puntas en su hábito. Se dedicaban a la oración, la liturgia del rezo en el coro, las tareas intelectuales y la gestión de los cargos de gobierno del monasterio.
- Medias cruces (obedienciales). Llevaban una cruz de Malta recortada. Se ocupaban de las labores domésticas, el servicio y el mantenimiento del monasterio.
- Iuniores (educandas): Niñas que se criaban y educaban en el recinto antes de tomar votos o volver al mundo secular
A continuación, os muestro las fotografías de una réplica de la regla y una foto de una cruz entera (ambas provenientes del museo del monasterio):
El monasterio siempre contó con la protección de la Corona, su priora podía salir de la clausura y contaba con asiento, voz y voto en las Cortes de Aragón, así como en los capítulos provinciales de la Orden Hospitalaria donde votaban tras el Castellán de Amposta.
Otra disposición de Dña. Sancha: el monasterio pertenecería a la Orden mientras existiese una sor (actualmente vive una en el País Vasco), aunque su titularidad hoy se encuentra cedida al Gobierno de Aragón.
A lo largo de todos estos años el cenobio ha pasado por muy diversas vicisitudes. A un esplendor en el siglo XIII le siguió una decadencia marcada por la crisis económica y enfrentamientos internos dentro de la Orden. A mitad del XIV hubo un nuevo auge que se repitió en el XVI. Los siglos posteriores se caracterizaron por la crisis financiera, el desinterés de los Austrias y las luchas con el Castellán de Amposta y el obispo de Lérida que querían someter el monasterio a sus respectivas jurisdicciones.
La Guerra de la Independencia trajo consigo la pérdida de las rentas señoriales y el dejar de acoger a dueñas aristocráticas. La desamortización de 1836 fue anulada mediante sentencia judicial, pero el asalto que sufrió el monasterio en el verano de 1936 y posterior incendio fue devastador para su patrimonio.
A lo largo de las últimas décadas el lugar ha sido objeto de una larga restauración que hoy nos permite ver principalmente su iglesia y parte del claustro. A continuación os muestro la localización de los principales elementos.
Tras aparcar nuestro coche nos encaminamos hacia el conjunto. Observamos el exterior de la cabecera (dos de los tres ábsides) románica de la iglesia .
Avanzamos a la puerta de acceso. Bajo una hornacina con una imagen de san Juan Bautista encontramos un escudo con la Cruz de Malta y las barras de las Armas de Aragón.
Al cruzar el umbral llegamos a un patio con la portada al Norte y los restos del palacio prioral al Oeste.
Esta portada fue iniciativa de Jaime I pues la primitiva la consideraba demasiado pequeña. Es sumamente austera: una portada abocinada con catorce arquivoltas que descansan en sendas columnillas que alternan la tenencia de un capitel o no. Está abierta en el muro sur de la iglesia, en su primer tramo.
A la derecha de la misma se encuentra un arcosolio vacío, una espadaña y una torre (de todo ello escribiré más tarde).
La austeridad de la portada contrasta con la variedad de motivos de las ménsulas que sostienen unos arquillos que a su vez sostienen la cornisa.
En el ángulo Sureste del templo se levanta una espadaña de dos vanos y una sólida torre iluminada por una serie de ventanas aspilleras. Esta torre, llamada torre de señales, era también lugar de vigilancia. Una curiosidad, a través de ella se informa de la elección de una nueva priora con un método que os será familiar: fumata negra (todavía no hay priora electa) o blanca (ya hay elegida).
El arcosolio que se encuentra entre la portada y la torre contaba con un sepulcro románico hasta los años setenta del pasado siglo en desapareció, que fue expoliado. Pertenecía a D. Rodrigo de Lizama que murió en la batalla de Muret junto a Pedro II.
Ya estamos en el interior. Es un templo de una sola nave, con cuatro tramos y cabecera con tres ábsides. El ábside del lado del evangelio fue demolido para construir un panteón de monjas en el siglo XVIII, muy cercano al Panteón Real.
El ábside central es de mayor tamaño, tiene una bóveda de cuarto de esfera y está iluminada por una única ventana de doble derrame.
En este ábside existían una serie de pinturas murales de las todavía se pueden ver algún resto. En el lado del evangelio (izquierda) habría entre otras escenas de la Última Cena y de la Crucifixión. Y en lado de la epístola (derecha) la Anunciación y la Epifanía (adoración de los Reyes Magos).
Estas pinturas estuvieron cubiertas primeramente por un retablo renacentista y por otro barroco después. El primero fue vendido por partes por las monjas para costear el segundo. Por ello todavía podemos disfrutarlo pues estas piezas están en numerosos museos (y también en el del monasterio como veremos). Del retablo barroco lamentablemente no queda nada, se perdió en el incendio de 1936.
Nos dirigimos a los brazos del transepto. Comenzamos por el Sur en el que observamos dos arcosolios vacíos. Destaca su ventanal, un vano polilobulado enmarcado con cuatro arquivoltas abocinadas, capiteles decorados y fina tracería rodeando al alabastro.
Al otro lado se halla el Panteón Real (uno de los varios con los que cuenta Aragón). En el muro izquierdo se encuentra en alto un arca sepulcral de madera policromada. Hoy solo vemos una, pero en su momento había varias. Corresponden a varias abadesas. Enfrente a este muro, la entrada al demolido ábside.
En ese mismo muro y al fondo sendas parejas de arcosolios con sus respectivos sepulcros pétreos, el Real Panteón. En ninguno de ellos queda ornato alguno.
En los arcosolios del muro Norte descansaban los restos, antes de ser profanados, de la reina doña Sancha y los de su hijo Pedro II el Casto.
Los del muro Este contenían los de dos de las hijas de doña Sancha (tuvo nueve hijos): doña Leonor y doña Dulce fallecida a los quince años que fue primero oblata (cuidada y criada en la disciplina de la orden) y después sor en el monasterio.
Volvemos sobre nuestros pasos y elevamos la vista en el crucero. Nos encontramos con la linterna que tiene cuatro vanos que iluminan el lugar. La cubierta es con bóveda de crucería sobre arcos torales. Es interesante observar la cubierta abovedada de la capilla de la Concepción, se encuentra frente a la puerta por la que hemos entrado.
Avanzamos por la nave hacia sus pies. A la derecha, en el lugar donde se ubicaba el coro, volvemos a encontrar pinturas murales. En este caso podemos observar perfectamente la Adoración de los Reyes Magos.
Por cierto, durante mi visita iba acompañado de un cantor, pidió probar la acústica y resultó ser magnífica, sorprendente.
A los pies del templo se abre el antiguo refectorio con diez arcadas apuntadas. Hoy es utilizado como espacio para el culto de la comunidad monástica.
A continuación, se situarían las cocinas y el vestíbulo, pero, lamentablemente, estos lugares ya han desaparecido.
Seguimos, vamos a lo poco que queda del claustro. Como todos los monasterios era el lugar por medio del cual se distribuían las diferentes estancias. Solo nos queda la crujía adosada al refectorio y una segunda. Hoy por hoy es un espacio diáfano cuadrado con los restos de dos lados del claustro y las ruinas de los otros dos.
Al comienzo de la panda Este se encuentra la Sala Capitular a la que se accede por una serie de arcos de medio punto abocinados. Era en este espacio donde se encontraban las pinturas objeto del largo litigio (desde 1950) con nuestros vecinos.
La sala, de menos de 20 metros, estaba profusamente decorada y pintada (la fotografía anterior muestra restos e improntas encontrada). Sus cincos cinco arcos apuntados transversales sostenían la antigua techumbre mudéjar.
Aquí se encontraba posiblemente el conjunto mural del siglo XIII (anterior a 1220) de mayor calidad del Occidente europeo. Entraré en detalles, pero a modo de ejemplo, os muestro la copia de una acuarela realizada en 1866 por un pintor oscense.
Hace unos años hubo en mi ciudad una exposición sobre esta riqueza realizada por un investigador de la región y basada mucho de ella en antiguas fotografías. Me apoyaré en la misma para mostraros toda esa riqueza.
La sala capitular se encontraba extraordinariamente pintada, pinturas murales decoraban sus muros y los cinco arcos de diafragma que sostenían su techumbre. Su datación es a comienzos del siglo XIII, en todo caso anterior a 1220.
Los cinco arcos apuntados desarrollaban en sus veinte enjutas el mismo número de pasajes del Antiguo Testamento y sus intradoses alojan representaciones de las Genealogías de Cristo, catorce representaciones, setenta en total. Un apunte, las genealogías sólo se describen en dos evangelios: el de Mateo (sigue el linaje de José) y el de Lucas (sigue el de María) y ambos tienen al rey David como antepasado común.
El Nuevo Testamento se sitúa en los muros. Se mostraban once escenas de la vida de Jesús. Resumiendo:
Pero hay más, había uno de los bestiarios más completos de principios del siglo XIII, decenas de animales domésticos, salvajes y mitológicos decoraban las partes centrales de los arcos. Especial preponderancia tenían los dragones (unos veinte) que podía deberse a la especial relación de los reyes de Aragón (d'Aragón) con el dragón durante la Edad Media.
La vegetación también es importante. Los motivos vegetales cobran especial protagonismo en la base de los arcos: una cenefa distinta para cada uno de ellos.
También os muestro una como sería una de esas escenas, el Nacimiento de Jesús, con todo su colorido:
A unos siete metros de altura la sala se cubría con una techumbre plana de madera dorada y policromada. Una viga maestra longitudinal recorre la sala creando, con los arcos, doce alfarjes mudéjares diferentes entre sí. En la exposición de la que hablaba había una recreación de uno de estos alfarjes al alcance de la mano, maravilloso e impresionante.
El espacio que veremos es último lugar el dormitorio reconvertido en museo. Dos grandes naves forman un ángulo en el que cinco arcos fajones confluyen en un punto.
En el museo podemos ver facsímiles de importantes documentos para el monasterio de Sijena y elementos como las puertas batientes del antiguo palacio prioral del siglo XIV en el que podemos ver las armas tanto del rey de Aragón como de otros grandes linajes o parte de la cruz de término.


O también partes del conjunto escultórico del Santo Entierro o el Nacimiento de Jesús, obras del siglo XVI realizadas en alabastro.
También podemos ver la reliquia del cráneo de Sta. Constanza (el monasterio contó con muchas) o una tabla que nos muestra la presentación de Jesús en el Templo (que pertenecía al nombrado retablo renacentista troceado y vendido).
Acabo mi visita. Abandone el lugar pensando y lo hago muchas veces, en la sinrazón de las guerras. No solo por la inexcusable pérdida de vidas humanas sino también por la pérdida de bienes materiales. Este es el caso del Monasterio de santa María en Sijena que fue asaltado e incendiado en 1936, el incendio duró 20 días...
























-001.jpg)






















Comentarios