COLEGIATA SANTA JULIANA (Santillana del Mar. Cantabria).
COLEGIATA SANTA JULIANA (Santillana del Mar. Cantabria).
Nos encontramos en Santillana del Mar, un precioso pueblo cántabro que invita a pasear por el mismo. Visitaremos su formidable colegiata dedicada a santa Juliana, mártir del siglo IV procedente de Nicodemia (Asia Menor). Los restos de Iuliana, Juliana, fueron traídos por algunos monjes peregrinos que construirían un pequeño monasterio (del que no quedan restos) al que dieron su nombre. A mediados del siglo XII el antiguo monasterio (regla benedictina) se transforma en colegiata (orden de canónigos de S. Agustín) construyéndose el edificio actual en estilo románico con la portada principal orientada al Sur. Se mantendrá la misma advocación para el nuevo templo y, por declinación, para la localidad que descubriremos.
Santillana del Mar se encuentra en el camino de Santiago del Norte o de la Costa, concretamente como destino de la 13ª etapa que vendría desde Santander, por cierto, una de las más largas.
Naturalmente se produjeron reformas y ampliaciones como la construcción de una capilla gótica en el lado Norte del transepto en el s. XV y en XVIII una sacristía (en el lado Sur del transepto) a los pies, adosada a la nave de la epístola. Entre ambas hay un gran atrio donde antaño hubo un cementerio.
El templo tiene estructura de tres naves divididas en cuatro tramos, transepto, crucero con cimborrio, cabecera con tres ábsides semicirculares, torre-campanario cilíndrica y torre a los pies que hace la función de gran contrafuerte.

Antes de visitar su interior, demos una vuelta por su exterior. Comenzamos por su frente Sur. Obviamos los añadidos posteriores de la Casa del abad y la Sacristía y nos dirigimos a la Portada Principal y a la torre circular, campanile, que me recuerda a las de Frómista.
La portada está compuesta por una serie de arquivoltas sin decoración que descansan en capiteles y columnas. En la decoración de aquellos podemos encontrar animales fantásticos como basiliscos o motivos vegetales.
Por encima de las arquivoltas, en el centro y en una mandorla, un pantocrátor con lo que parece restos de un apostolario. Se encuentra rodeado por cuatro ángeles que, curioso, están dispuestos en posición horizontal.
Y, por encima de todo ello, en una hornacina, la figura de santa Juliana con la palma en la mano derecha (símbolo del martirio) y en la izquierda un libro y una cadena con la que sujeta a un pequeño demonio a sus pies, simbolizando su victoria sobre el mal.
Nos dirigimos ahora a la parte exterior de la cabecera, a los ábsides. Por el camino es interesante prestar atención a los canecillos. También podemos observar el ajedrezado jaqués, pues el enclave se encuentra en una de las numerosas rutas del Camino de Santiago.
Vamos al interior. Accedemos al conjunto por el claustro que se encuentra adosado al muro Norte de la iglesia. Este claustro se elevaría a lo largo de los siglos XII y XIII comenzando la construcción por la panda Sur. El lado Este se haría, más tarde, en el s. XIV dejando ya el románico. Los arcos son de medio punto y están sostenidos por columnas pareadas o cuádruples.
Cuenta con cuarenta y dos capiteles que nos muestran una variada y excelente escultura pudiendo observar la evolución románica. Los más antiguos son historiados, mientras los más recientes son de temática vegetal.
Alguna panda se ha convertido en improvisado espacio museístico que recoge numerosos sarcófagos con motivos heráldicos de personajes relevantes tanto del clero como de la nobleza. Del mismo modo podemos observar de cerca la formidable factura de multitud de canecillos y metopas, piezas recuperadas por reformas y ampliaciones.
Entramos al templo por la esquina NE del claustro, nos lleva al primer tramo de la nave. Asombra por su altura y amplitud. La estructura es de tres naves (la central más ancha y alta que las laterales) separadas por arcos formeros de medio punto que se apoyan en pilares cruciformes. En cuanto a las cubiertas, las naves tienen bóvedas de crucería, el transepto de medio cañón y los ábsides de horno.
La cabecera está compuesta por tres ábsides. La capilla mayor cuenta con un retablo tardogótico-plateresco de tres calles en el centro del cual se encuentra una arqueta con los restos de la santa titular del templo (lo he marcado en la fotografía).
El frontal del altar recoge los relieves de los Cuatro Evangelistas.
En los ábsides laterales vemos dos interesantes relieves. En el lado del evangelio vemos representada a la Virgen con el Niño, mientras que en el de la epístola encontramos una escena habitual de santa Juliana, la dominación sobre el demonio o el mal.
En lugar preferente, en el centro del crucero se encuentra el pétreo sepulcro de santa Juliana mandado construir en 1432 (al igual que la reja que lo circunda) que es cuando se decide trasladar los restos de la mártir al altar mayor.
En el ábside del lado de la epístola, junto a la sacristía, encontramos un misterioso sarcófago que tiene una inscripción:
"“Viví feliz con mi esposa y mi padre el rey. Convertido en cenizas espero que el tiempo pase en esta tumba. Te darás cuenta que la abundancia de riquezas ha desaparecido en mi, por no haber podido vencer a la muerte”.
No sabemos el titular de esta sepultura, en principio se atribuyó a un noble benefactor de la colegiata, aunque últimamente se atribuye a un infante del que no se conoce el nombre.
Nos dirigimos ahora a los pies del templo. En nuestro camino encontramos el coro. Sobre él un espléndido coro barroco.
A los pies, el cuerpo inferior de la torre occidental fue usado como baptisterio y aloja una pila bautismal románica de grandes dimensiones (para realizar el bautismo por inmersión). Vemos una tosca representación del conocido Daniel en el foso de los leones. Encima, un pantocrator que conserva parte de su policromía.
En mi deambular por el templo fui buscando los ricos capiteles. Veo temática vegetal, zoomorfa o historiados.
Quizá sea ahora un buen momento para darse un paseo por las calles del pueblo e ir descubriendo sus bellos rincones.











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