RODEN (Zaragoza).
RODEN (Zaragoza).
Hace unas semanas escribí sobre el Pueblo Viejo de Belchite, sus ruinas, su historia y sus fenómenos paranormales. También comentaba que existen otros cinco pueblos que no fueron reconstruidos y sí abandonados tras la Guerra Civil. Estos pueblos fueron: Valdeancheta, Montarrón, Gajanejos (todos en Guadalajara), Corbera de Ebro (Tarragona), Belchite y Rodén. En esta ocasión visitaremos este último, también en la provincia de Zaragoza.
Su historia se remonta a los iberos, después fue ocupado por los romanos. Los musulmanes lo conquistaron y hay referencias a su posesión, a finales del siglo XIII, por el señor de Arenós. A partir de 1414, y hasta el s. XVIII pertenecerá al Arzobispado de Zaragoza.
El caserío (en lo alto de una pequeña pedregosa colina y en sus laderas) lo formarían unas ochenta viviendas, una escuela, una iglesia, restos de un castillo y molinos de harina y aceite. En sus mejores tiempos llegó a superar los trescientos habitantes. Hoy todo está derruido. ¿Qué ocurrió? Llegó la Guerra Civil y su ubicación hizo que fuese objetivo de la artillería y bombardeos aéreos. Más tarde sería desmantelado para usar todo lo aprovechable. Actualmente existe un nuevo Rodén a sus pies con una veintena de vecinos.
Por un terroso camino nos vamos acercando a las ruinas del pueblo viejo, unas ruinas blanco -grisáceas por los materiales empleados en su construcción: yeso y alabastro.
La sólida iglesia se apoya al Oeste sobre roca y es reforzada por una serie de contrafuertes, seguramente alguno pertenecientes a la fábrica original. Tuvo, como casi todas, posteriores ampliaciones y reformas siendo la más importante la realizada en el siglo XVI cuando la iglesia perteneció al arzobispado zaragozano.
El templo tendría una sola nave con dos tramos a los que habría de añadir el ábside poligonal de cinco lados.
Ha perdido la cubierta que originalmente sería de bóveda con un par de tramos. Una imposta rodea toda la nave a la altura de la que debían de nacer los nervios de estas desaparecidas bóvedas.
El elemento mejor conservado es la torre realizada en mampostería de alabastro. Se encuentra a los pies del templo y el acceso se realizaría por el coro situado en este espacio. Conserva cierto carácter defensivo.
En la parte de atrás de la iglesia y compartiendo, el punto más elevado del cerro se encuentran los restos de un castillo que la tradición atribuye a los musulmanes. Su tipología seguramente correspondería a las fortalezas islámicas del siglo XI con un gran empleo del tapial reforzando los muros con pétreos bloques, en este caso de alabastro. No queda mucho, apenas dos estancias: una cubierta de arco apuntado y la otra está reforzado con arcos fajones de ladrillo.
En las laderas del cabezo se encuentra el antiguo caserío. Se halla en ruinas. Destaca por su color blanquecino debido a la homogeneización de los materiales empleados, por otra parte los más abundantes en la zona. En la parte baja había un espacio abierto, una plaza, donde se celebrarían los festejos populares.
En nuestro recorrido podemos observar diversos agujeros, habitáculos, excavados tras las derruidas viviendas. Seguramente fueron utilizados durante la Guerra Civil como improvisados refugios ante los bombardeos. Durante mi última visita, realizada en compañía de una gran sensitiva, me comentaba sus percepciones en las que veía personas amontonadas, aterrorizadas. Del mismo modo se pueden escuchar sonidos bélicos, muy semejantes a los que también conocemos de Belchite.
Abandonamos el enclave volviendo la mirada atrás y reflexionando, como hice en Belchite, la sinrazón de las guerras.














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