CASTILLO DE MONZÓN (Huesca).


CASTILLO MONZÓN. (Huesca).

   Castillo emblemático ligado a la historia del reino de Aragón y a la historia hispánica de la Orden del Temple. Se encuentra situado en la margen derecha del rio Cinca sobre una colina que domina la actual población de Monzón (imágenes 1,2 y 16).

    Su origen debemos buscarlo en el siglo IX, cuando el territorio oscense estaba dominado por el islam.

       En el siglo XI los primeros reyes de la Corona de Aragón deciden expulsar a los musulmanes de los, en otros tiempos territorios cristianos, al sur de los Pirineos. En esta conquista será clave la toma de Monzón pues suponía cortar las comunicaciones entre dos importantes taifas. De un lado la taifa de Zaragoza en manos de los sucesores del rey Al-Muqtadir y por otro lado la taifa de Lérida en manos de la dinastía Banu hud.   

       De hecho, la fortaleza fue disputada por ambas taifas e incluso fue tomada en 1083 por el Cid, quien en ese momento defendía los intereses (frecuente en la Reconquista) de Al-Mutamán de Zaragoza.

Más tarde, reinando ya como Pedro I, paso a ser tenente de Monzón Ramiro Sánchez de Pamplona, esposo de Cristina Rodríguez, hija del Cid. Como curiosidad debo decir que entre sus muros estuvo guardada durante un tiempo la espada Tizona. En 1126 vuelve a caer en manos musulmanas y, tras ser recuperado por Alfonso I, el Batallador en 1130, vuelve a ser conquistado por la Media Luna en 1136 dada su importancia estratégica. Definitivamente, en 1141, por Ramón Berenguer IV, a la sazón prínceps de Aragón que sería el autor de que termine en poder de la Orden del Temple en 1143.

       En efecto, en 1143 tiene lugar la Concordia de Gerona por la cual, a cambio de renunciar a sus derechos por el testamento de Alfonso I, el Temple obtuvo una gran cantidad de donaciones en el Reino de Aragón, entre las que se encontraba el castillo de Monzón, pero también los de Chalamera, Mongay y Corbins que se encontraban todavía en poder de los musulmanes. Me asombra especialmente esta capacidad de la Orden de adelantarse a los acontecimientos. No obstante, por una razón u otra, no se constituiría en encomienda hasta unos años después, en 1149, una vez fuese Lérida tomada por Ramón Berenguer IV.
       Como casi siempre la explotación económica de la encomienda fue un éxito, se construyeron puentes, molinos, se convirtieron tierras de secano en regadío por mejor uso del agua… Como nota significativa es que tenía ceca propia, podía emitir moneda, así como aduana que le reportaba grandes beneficios. Esta encomienda se convertiría en la mayor de las existentes en el reino, comprendía unas 30 iglesias con sus territorios. El buen hacer económico se vio recompensado con una centralidad administrativa, en el castillo se reunieron capítulos provinciales de la Orden, alojaba el archivo, residía en ocasiones el maestre provincial y también allí se firmó el documento que certificaba la conquista de Valencia.
        Desde el punto de vista militar, una vez asegurada su preeminencia, la encomienda y su castillo fueron decisivos en muchas campañas militares. Tortosa en 1148, Fraga y Mequinenza en 1149, Miravet en 1152… todas tuvieron una activa participación de los templarios de Monzón.
       Avanzando en el tiempo llegamos a 1213. El rey aragonés Pedro II se encuentra de Muret, en defensa de los occitanos para ayudarles en el conflicto cátaro según narra su hijo, Jaime I en su Llibre dels Fets:
“Las gentes de aquellas tierras (Tolosa y Langueloc) acudieron a nuestro padre y le dijeron que podría ser señor de aquellas tierras si quería tomarlas y apoderarse de ellas”
       Como bien sabemos el rey aragonés perdió la batalla y la vida en el enfrentamiento acabando con la pretensión de extender el reino al norte. El futuro rey Jaime I estuvo en poder de Montfort durante un año hasta que la presión de la nobleza aragonesa, su madre, María de Montpellier y, sobre todo, el papa Inocencio III hizo que el rey niño, de seis años, retornase a tierras aragonesas.

       Y fue la Orden la encargada de su seguridad y la fortaleza de Monzón, la mejor del reino, el lugar donde estuvo Jaime al cuidado del maestre Guillem de Montredón, compañero de armas de su padre en Las Navas de Tolosa y Muret. Tras un periodo turbulento que el Maestre intento controlar, el 15 de septiembre de 1216 reunió a los caballeros más importante del reino para que rindieran vasallaje al joven rey. Y, ciertamente, los caballeros templarios custodiaron fielmente al joven monarca. El lugar de residencia del rey fue la actual torre de Jaime I (imagen 4).
       La torre, de reducidas dimensiones y planta trapezoidal, tiene dos alturas y la entrada no es a ras del suelo sino en alto, seguramente para reforzar su defensa. Salvo los años que fue residencia de Jaime era la prisión del castillo.
       El rey fue educado hasta los nueve años como templario, tanto monacal como militarmente. Esta educación dejo en él una huella que veremos en muchas de sus actuaciones a lo largo de su vida. Asimismo, siempre estuvo muy próximo a la Orden y contó con ellos para señaladas conquistas como Valencia o Mallorca.
       Veamos las características del castillo ciñéndonos al periodo templario pues el conjunto ha sufrido modificaciones posteriores por su implicación en distintos conflictos bélicos. Básicamente se trata de una   muralla que rodea la planicie que alberga en su interior otros custro edificios bien diferenciados (además de la torre Jaime I).

   
LA TORRE DEL HOMENAJE (imagen 5).


       Es la construcción más claramente musulmana, del siglo IX-X. Es de planta cuadrada y tiene cuatro plantas. Su factura no es completamente de sillería, sólo los presenta en las esquinas como refuerzo y usa mampostería en forma de espina en el resto del muro.
        Se encuentra comunicada con el edificio adyacente por un arco de medio punto de ladrillo que alberga una canalización interna para recoger agua (imagen 6).
       Encontraremos también dos ventanales de ajimez que recuerdan el dominio musulmán. Fue el último refugio de los defensores de la fortaleza. Actualmente es un museo.

SALA CAPITULAR-REFECTORIO (imagen 7).

       Hoy por hoy se encuentran unidos, en origen estarían separados, fue reformada en el siglo XVI. Es un gran rectángulo de 35x12 metros, cuya nave está cubierta por una bóveda de cañón apuntado. Seguramente se levantó sobre los cimientos de una construcción anterior en los siglos XIII-XIV. Tiene un carácter cisterciense, actualmente acoge actos culturales.
       En el grosor del muro, bajo una hornacina, se abre la boca del pozo que da al aljibe; dos canales en el interior del edificio bajan desde el techo a través del muro, recogiendo el agua de la lluvia (imagen 8).   

DORMITORIOS (imagen 9).

       Sobrio edificio de 14x11 metros del siglo XII que servía de alojamiento a los monjes soldados, nunca más de cincuenta. También fue construido sobre basamentos anteriores. Tiene dos plantas y sótano, del cual parte un subterráneo que comunica, según la tradición, con el Cinca. En el interior podemos encontrar restos de murales decorativos y grafitos góticos.

EL TEMPLO (imagen 10).
       

    La iglesia de San Nicolás se compone de una sola nave rectangular de 21 por 12´5 metros aproximadamente y cuyo ábside, poligonal al exterior, configura un sólido cuerpo defensivo que cerraba el castillo por el este y se integraba en la muralla como una torre más.
       En el interior la cabecera es circular y se encuentra cubierta con una bóveda de cuarto de esfera. En el centro del ábside, por una trampilla, se desciende a una mina subterránea de gran longitud con varias salidas externas (imagen 11). La puerta principal, al oeste, se abre con un arco de medio punto con un sencillo crismón. Los novicios debían entrar sin pisar el umbral, con el pie izquierdo, en señal de humildad.
        En el interior encontramos dos ménsulas esculpidas en piedra (imagen 12). Una representa una cabra y la otra un lobo o un león. Jesús López-Peláez en su obra Las fortalezas de Dios nos propone una explicación:

        “Probable alusión al comentario de Jaime I de que los templarios son corderos en el claustro y leones en la batalla”

     
        Existen varias leyendas relacionadas con la fortaleza. La primera de ella es sobre su toma. Nos cuenta que el rey Sancho Ramírez pago a unos traidores para que se colaran en el castillo e hicieran sonar una campana y así hacer creer a sus ocupantes que las tropas cristianas estaban dentro. Otra de las leyendas hace referencia al rey y a un ermitaño. Según se cuenta, un día el niño iba con su tutor hacia el santuario de la Virgen de Lascellas, hoy de la Alegría. Al pasar junto a la fuente del Saso, se encontraron con un ermitaño. Éste invitó a don Jaime a sumergir en el agua la espada Tizona que su tutor portaba, asegurándole: “No dudes de que esta arma te proporcionará muchos éxitos en tus correrías bélicas”. Y así fue. 

     Y lentamente transcurrió el tiempo. Mas de 160 años duró la presencia templaria en Monzón. Como bien sabemos, en el año 1307 Felipe IV de Francia, inicia la persecución de la Orden y en 1312 se produce la disolución de la misma.
       Se produce un extenso epistolario entre el rey francés, Jaime II, Clemente V y los templarios. Las tropas de la corona inician los asedios a las plazas templarias, las más importantes una a una va cayendo. La primera en rendirse será Peñíscola, tras ella irán Cantavieja y Miravet entre otras.
        Al final los últimos 19 templarios (Monzón fue el último baluarte de la Orden en Aragón) optan por encerrarse en la fortaleza y, encabezados por el comendador Berenguer de Belvís, resistir. Estos hermanos nunca renunciaran a su vocación templaria firmando siempre como miles quodam Templi. Jaime II enviará contra ellos al procurador general del Reino Artal de Luna. El asedio duro 7 meses, hasta el 24 de mayo de 1309. Los asediados fueron hechos prisioneros y llevados al castillo de Belver de Cinca (las mazmorras todavía existen en el sótano de la Casa Cándido) a la espera del juicio en el Concilio de Tarragona de 1312 donde fueron declarados inocentes. El castillo pasaría a manos de la Orden del Hospital.

    
   Los siglos posteriores trajeron una pérdida progresiva de interés por el castillo. Pero llegará el siglo XVIII y la Guerra de Sucesión. En 1710 la frontera quedará establecida en Lérida y Felipe V mandará convertir el Castillo de Monzón en una fortaleza moderna. Para ello se construyeron baluartes, baterías de cañones y se reforzó la muralla exterior (imagen 13).

       Llega el siglo XIX y la Guerra de la Independencia. En 1809 el mariscal Suchet toma el castillo. Tras cuatro años de guerra las tropas españolas inician el asedio. La táctica usada fue, entre otras, excavar galerías en las rocas que sustentan la base de la muralla con el propósito de echar abajo los cimientos con explosivos (imagen 14). El conflicto llegará al 15 de febrero de 1815 tras la caída de Lérida.

      Durante la Guerra Civil española los milicianos usaran el castillo con un doble motivo, como almacén y como refugio antiaéreo. Para ello se usarán las galerías excavadas en la roca en el pasado (imagen 15).

       Castillo de Monzón, un lugar con más de doce siglos de Historia, 166 relacionados con La Orden de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón. Un lugar, un territorio, con profundas raíces templarias. Y no solo Monzón, Chalamera, Cofita… son otros enclaves cercanos por visitar. Sí os decidís a venir, bienvenidos seáis.
  

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